El pánico se apoderó de Ava por completo. Su mente gritaba una sola palabra: escapar.
Tenía que salir de allí. Tenía que protegerse. Tenía que proteger al bebé.
La multitud de fotógrafos era un muro impenetrable frente a ella. Leo estaba siendo empujado y zarandeado, incapaz de llegar a ella.
Su mirada desesperada buscó una salida. A su derecha, a unos pocos metros de distancia, vio la barandilla de metal negro de una entrada al metro.
Las escaleras. Si podía llegar a las escaleras, podría bajar, desaparecer en la red de túneles de la ciudad.
Sin pensarlo dos veces, se lanzó en esa dirección. Se abrió paso a empujones entre dos fotógrafos, ignorando sus gritos y sus flashes.
Casi lo había conseguido. Estaba a solo un par de pasos de la seguridad de la barandilla.
De repente, un hombre se interpuso en su camino. Era más corpulento que los demás, con una barba desaliñada y una mirada depredadora en sus ojos.
Era Marco.
Metió la cámara justo en su cara, la lente casi tocando su nariz. El flash la cegó por completo.
—Solo una foto más, Ava —su voz era un gruñido áspero—. ¿Es niño o niña? ¿Ya le has puesto nombre al pequeño bastardo?
La crueldad de la pregunta la hizo retroceder instintivamente. Un paso brusco hacia atrás para escapar de su presencia asfixiante.
Su tacón de aguja aterrizó en una grieta de la acera. Una imperfección en el hormigón, una pequeña falla que lo cambiaría todo.
Sintió un tirón agudo en el tobillo. El tacón se enganchó. Perdió el equilibrio.
El mundo se inclinó.
Los flashes continuaron. Incluso mientras caía, algunos de ellos siguieron disparando, capturando cada momento de su descenso.
Un dolor agudo y desgarrador estalló en su abdomen, un calambre tan intenso que la hizo arquearse en el aire.
Su mano se aferró a su vientre, un último gesto protector inútil.
Finalmente, su cuerpo se detuvo al pie de las escaleras, un montón inerte sobre el suelo sucio de la estación.
Lo último que vio fue el rostro de un desconocido mirándola con horror.
Lo último que sintió fue un calor húmedo extendiéndose por debajo de ella.
Luego, la oscuridad.

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