Lucas se limitó a apretarle la pierna, que era su única posibilidad de salir con vida.
En ese momento, Jaime los alcanzó y agarró el cuello de la camisa de Teobaldo.
Al hombre le tembló todo el cuerpo.
—¿Qué estás haciendo? ¡Soy un Velázquez! Mi padre te hará pagar si me haces daño.
¡Smac!
Jaime lo golpeó tan fuerte que dio varias vueltas y perdió todos los dientes.
—¡Eso es por Josefina! —gritó antes de darle un puñetazo a en el estómago, provocando que soltara un grito de tortura y se doblara de dolor.
Teobaldo y Lucas hacían una buena pareja. Se encorvaron con un dolor extremo a merced de Jaime.
Él los miró antes de poner un pie en la cabeza de Lucas.
El hombre suplicó de inmediato por su vida.
—¡Me equivoqué, Jaime! Por favor, perdóname. ¡Perdóname! ¡Te juro que no volveré a darte problemas! ¡Te daré toda la riqueza de nuestra familia con tal de que me perdones la vida!
—Ya te perdoné una vez, pero no lo supiste valorar... —contestó con frialdad y le dio un pisotón.
Lucas tuvo una muerte espantosa y dolorosa, su sangre salpicó a su alrededor, rociando a un aterrorizado Teobaldo, que gritó horrorizado. Nunca había visto morir a una persona ante sus ojos.
Josefina, asustada, se tapó la boca para no gritar. Jaime nunca había matado a alguien delante de ella hasta hoy, y de una manera tan espantosa, nada menos. Sin embargo, sabía que había actuado con violencia para protegerla, y no se acobardó a pesar de percibir sus intenciones asesinas.
Jaime levantó su pie ensangrentado y a continuación, pisó la cabeza de Teobaldo. El nauseabundo olor de la sangre hizo que Teobaldo se pusiera histérico mientras suplicaba:
El hombre asintió con la cabeza antes de volver a centrar su atención en Teobaldo, que apartó la mirada con timidez.
—Te perdonaré la vida, pero pagarás por tus delitos. —Con eso, pisó la pantorrilla de Teobaldo, destrozando su tibia de forma irremediable.
—¡Ahhh! —La cara del hombre se retorció de agonía mientras descargaba su dolor.
—Vámonos. —Jaime tomó la mano de Josefina y se dispuso a salir.
Apenas habían dado dos pasos cuando Josefina se giró, enfrentándose a Teobaldo:
—¿Quién demonios te habló de esto y organizó que vinieras a Ciudad Higuera? —Llevaba mucho tiempo dándole vueltas al asunto.
Parecía inconcebible que Lucas poseyera los recursos y la reputación necesarios para conocer a Teobaldo.

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