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El despertar del Dragón romance Capítulo 290

Federico se había quedado en su casa, ya que Gael le había vigilado muy de cerca durante los últimos días.

Enarcó las cejas mientras miraba la hora.

—¿Cuánto tiempo necesita Teobaldo? Han pasado días y aún no hay noticias de él. —La ansiedad lo carcomía.

Si Teobaldo no se había puesto en contacto con él en los últimos días, significaba que aún no había tenido éxito. Después de todo, basándose en su personalidad, si ya lo hubiera conseguido, Federico ya lo habría sabido.

Eleonora estaba preparando comida en la cocina cuando Gael entró corriendo.

Al ver que había vuelto, preguntó:

—¿Gael? ¿Por qué tienes tiempo de regresar hoy a comer?

—¿Comer? ¡Algo malo pasó! —Se veía preocupado—. Regresé por unas cosas.

—¿Qué pasó? —La mujer salió de la cocina.

—Mataron a Lucas, de la Familia Sabina, pero eso no es lo importante. Lo importante es que, a Teobaldo, de la Familia Velázquez, le rompieron la pierna y sigue en el hospital. Su familia no lo tomará tan a la ligera. —Frunció las cejas.

La Familia Velázquez tenía grandes influencias en el mundo político y empresarial. Era imposible que se callaran el hecho de que habían herido a su hijo en Ciudad Higuera.

—¿Qué hace el hijo de la Familia Velázquez aquí en Ciudad Higuera? ¿Quién tiene el descaro de hacerle daño? —A Eleonora también le sorprendió.

Federico, que también había oído todo aquello, estaba temblando, con el rostro pálido.

—No me hagas más preguntas. No puedo decírtelo. —Agitó la mano.

Sabía que Jaime era el responsable. Sin embargo, tenía una deuda de por vida con él, por lo que no quería traicionarlo. Su primer plan era ver si era posible manejar la situación de manera pacífica.

—Bien, no preguntaré más. Eso sí, ten cuidado y no lo hagas todo tú solo. Si alguien se atreve a hacerle daño a un miembro de la Familia Velázquez, ¡es capaz de hacer cualquier cosa! —le recordó. Estaba segura de que, si alguien podía hacerle daño a esa familia, entonces esa persona debía ser alguien que no le tenía miedo a la muerte.

Federico cayó al suelo conmocionado y casi se orina en los pantalones al verlo.

Al ver lo aterrorizado que estaba su hijo, Gael comprendió de inmediato lo que sucedía.

—Dime la verdad, ¿le pediste a Teobaldo que secuestrara a Josefina?

Jaime ignoró a Gael y se dirigió directo a Federico.

—¿Qué? ¿Teobaldo secuestró a Josefina? —Federico abrió los ojos de par en par. No esperaba que él hiciera algo así, por lo tanto, negó con la cabeza—. ¡Yo no le dije que la secuestrara! ¡Lo juro!

—¿Acaso se trata de un malentendido, Señor Casas? —Eleonora intervino, con el corazón dolido por su hijo.

—¡Cállate! —le gritó Gael a su mujer antes de mirar con furia a su hijo—. Teobaldo vino a Ciudad Higuera por ti, ¿no es así?

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