La cara contorsionada de Gael hizo temblar de miedo a Federico, que acabó asintiendo.
—¡Bast*rdo! Te mantuve en casa justo para que reflexionaras sobre tus actos y, sin embargo, ¡no aprendiste nada! Te voy a matar... —Levantó una silla y la estrelló con violencia contra el cuerpo de su hijo, haciendo añicos el mueble tras el impacto.
Jaime se quedó un poco sorprendido. No esperaba que castigara a su propio hijo de esa manera.
—¡Basta, Gael! ¡Lo vas a matar! —Eleonora hizo todo lo posible para detener a su marido.
Sin embargo, a Gael no le importó en absoluto. Siguió golpeando a Federico hasta dejarlo hecho polvo, haciéndolo gritar de dolor.
—Asumo la responsabilidad del asunto, Señor Casas. Encontraré la manera de protegerlo de la Familia Velázquez —prometió el hombre.
—Yo mismo me encargaré de la Familia Velázquez. No tiene por qué preocuparse, Señor Landero. —Miró a Federico ensangrentado—. Su castigo para su hijo es suficiente para que recuerde esta lección.
Al principio estaba bastante furioso, pero la mayor parte se desvaneció al ver cómo había actuado Gael.
«Federico tiene buenos padres».
Tras dejar la casa de Gael, se dirigió a la Residencia Serrano, pues estaba seguro de que Josefina necesitaría unas palabras de consuelo.
Tras recibir la noticia, el jefe de la Familia Velázquez, Cristian, llevó a diez expertos durante la noche al Hospital de Ciudad Higuera.
Los diez tenían un aspecto impresionante, y uno de ellos era el mejor de los mejores.
La expresión de Cristian se ensombreció cuando miró a su hijo, que estaba tumbado en la cama. Era espantoso que alguien en Ciudad Higuera tuviera las agallas de herir a su hijo de esa manera.
—Por fin estás aquí, papá. ¡Mira mi pierna! ¡Ahora soy un lisiado! —Teobaldo comenzó a llorar al verlo.
—¡Sé un hombre y deja de llorar! —Lo fulminó con la mirada. Parecía que se había enterado de todo—. ¿Te crees invencible o por qué secuestraste a un miembro de la Familia Serrano?
¡Smac!
El director se arrodilló en el suelo y suplicó:
—¡Nuestro hospital no tiene ni el equipo ni los médicos para arreglarle la pierna! Puede enviar a su hijo a un gran hospital o al extranjero para que lo ayuden. ¡Aunque me mate, mi hospital no podrá ayudar a su hijo!
Al notar la mirada genuina del director, Cristian supo que no había esperanza en este hospital. Por lo tanto, dejó de hacer pasar un mal rato al director y ordenó:
—¡Preparen el auto y envíen a mi hijo de vuelta a Cuenca Veraniega para que lo traten!
No tardaron en llevarse a Teobaldo. Cristian se quedó mirando la escena nocturna de Ciudad Higuera y murmuró con frialdad:
—¡Voy a hacer que Ciudad Higuera pague por lo que le pasó a mi hijo!

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