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El despertar del Dragón romance Capítulo 301

—¡Muy bien! —Tomás asintió. Justo cuando estaba buscando un mecánico mientras conducía, se dio cuenta de que un Mercedes-Benz rojo los seguía, Mientras miraba por el espejo retrovisor, dijo—: Señor Casas, tenemos un problema.

—Busca un lugar apartado. ¡Hay demasiada gente aquí en la calle principal! —dijo Jaime ansioso mirando hacia atrás.

Tomás hizo un giro brusco y aceleró hacia las afueras de Arboledas, y el Mercedes-Benz rojo continuó siguiéndolos de cerca.

Al darse cuenta de que los seguían, Josefina palideció y su cuerpo empezó a temblar.

Jaime le pasó el brazo por los hombros y la tranquilizó:

—No te preocupes, todo estará bien.

Tomás detuvo el auto cuando llegaron a una zona apartada. A continuación, el Mercedes-Benz que iba detrás de ellos frenó de golpe y se detuvo.

Jaime salió del vehículo con el brazo alrededor de la aterrorizada Josefina.

Del asiento del conductor del otro auto se bajó una chica de cabello corto y rasgos exquisitos. Su cara redonda y menuda la hacía parecer una muñeca.

Jaime y Tomás se quedaron atónitos al verla, ya que no parecía en absoluto una asesina.

Con una llave inglesa en la mano, miraba con miedo a Jaime y a Tomás.

—¿Quiénes son? Dejen que mi prima se vaya, o llamaré a la policía. —La mano de la chica temblaba con violencia mientras apuntaba con su llave inglesa en dirección a Jaime.

Sorprendidos, los hombres se giraron para mirar a Josefina, cuyos ojos estaban llenos de lágrimas. Estaba tan abrumada por las emociones que apenas podía hablar.

—¡Fabiola, has crecido tanto que apenas te reconozco! —Josefina corrió hacia la chica y le dio un abrazo.

Desconcertada por la reacción de Josefina, Fabiola miró a Jaime antes de regresar su atención a la mujer.

—Menos mal que lo aclaramos porque nos asustaste. Nosotros también pensábamos que eras un delincuente —contestó Josefina encantada.

—Prima, ¿qué le pasó a tu auto? ¿Qué haces en Arboledas? —preguntó curiosa.

—Venimos a comprar unas hierbas. En cuanto al auto, es una larga historia. Te la contaré la próxima vez. —No quería que Fabiola supiera demasiado, pues solo la pondría en peligro.

—En ese caso, yo los llevo. Voy a comer con mi hermana. Sin duda, ¡se alegrará mucho si sabe que estás aquí! —No preguntó más mientras jalaba a Josefina directo hacia su auto.

Al ver eso, Jaime le indicó a Tomás:

—Lleva a reparar el auto. Estaremos en contacto por teléfono.

Tras asentir con la cabeza, Tomás se fue. En cuanto a Jaime, siguió a Josefina hasta el auto de Fabiola y se sentó en la parte trasera.

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