Josefina y Fabiola charlaban sin parar, ya que hacía años que no se veían.
—Josefina, ¿de qué empresa es dueño tu novio? —preguntó la prima.
—¡No es mi novio! —Josefina negó.
—Déjate de tonterías, lo vi con mis propios ojos. Si no fuera tu novio, ¿te habrías sentado con él y habrías dejado que te abrazara? ¿Te escabulliste sin que tu papá lo supiera? —Sonrió con descaro.
—No, mi papá sabe que estamos aquí en Arboledas —explicó. Le preocupaba que asumiera que se había fugado y le avisara a Gonzalo.
—Oye, guapo, ¿cuál es tu empresa? Ya que Josefina te tiene ganas, debes ser muy importante, ¿verdad? —le preguntó a Jaime con picardía. Ya no le tenía miedo.
Jaime sonrió sin reparo.
—Ninguna. Estoy desempleado y dependo de tu prima para vivir. De hecho, ella me compró esta ropa.
En efecto, Josefina fue quien le compró el traje que llevaba.
—¿Un mantenido? —dejó escapar su pensamiento.
Josefina la fulminó con la mirada antes de dirigirle a Jaime una mirada de disculpa.
—Jaime, espero que no te moleste. Mi prima puede ser demasiado descarada a veces.
Jaime se limitó a sonreír.
—Bien, me agrada la gente así.
—Es inútil que te agrade. Pronto seré tu familiar —se burló Fabiola.
El hombre se rio con incomodidad.
«Aunque tiene un vocabulario mordaz y un carácter directo, se parece bastante a Josefina».
—Jaime Casas, amigo de Josefina. —Estrechó su mano en respuesta.
Cuando se sentaron, Yazmín le sonrió a su prima y le preguntó en voz baja:
—Josefina, ¿quién es? ¡Se ve bastante bien! ¡Bien hecho, prima!
—Yaz, no preguntes. Él es… —Fabiola apartó a su hermana y le susurró unas palabras al oído.
El rostro de Yazmín se opacó de manera visible después de eso. De hecho, la forma en que miraba a Jaime había cambiado drásticamente.
—Josefina, debes tener cuidado al escoger un novio. Eres atractiva, seguro que tienes muchos pretendientes. Todavía eres joven, así que tienes que estar atenta a los que busquen engañarte, o si no será demasiado tarde para arrepentirte una vez que estés casada. —Aunque se dirigía a su prima, estaba claro que sus palabras eran para Jaime.
—Yazmín, entendiste mal. En realidad…
—No hace falta que me lo expliques; sé cómo son las cosas. Alguna vez tuve tu edad —la interrumpió. Luego se dirigió a Jaime y le dijo con desprecio—: ¿Cuál es tu razón para estar desempleado? ¿Disfrutas ser un mantenido?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón