Aunque la chica de uniforme parecía una mujer ordinaria, se trataba de la nieta de Arturo, Isabel Gómez; en efecto, la joven se encontraba en ese lugar, pues, aunque Arturo había decidido abandonar Cuenca Veraniega, el resto de la Familia Gómez había permanecido en la ciudad.
Tras una breve pausa, Antonio prosiguió a indagar, con voz solemne:
—Me pregunto si alguien fue capaz de sobrevivir el ataque…
—Lamento informarle que nuestro equipo no ha encontrado más sobrevivientes, pues lograron inspeccionar toda el área más de una vez —explicó Isabel, casi en un susurro, antes de continuar—: Además, es importante mencionar que el responsable desactivó las cámaras de seguridad, así que es imposible saber qué sucedió esta noche.
—Bueno, me interesa saber qué opines… —respondió Antonio de manera contundente.
—Al parecer, se trata de un acto de venganza, pues hemos descartado un robo; de hecho, todo el dinero y objetos valiosos se encuentran aún dentro de la casa. Todos saben que la Familia Velázquez participaba en actividades del bajo mundo, así que supongo que lograron ofender a alguien muy peligroso… —relató Isabel en tono ecuánime.
—De acuerdo, ahora debemos investigar a cualquier posible enemigo de Los Velázquez. —Al terminar de emitir esas palabras, Antonio dejó escapar un enorme suspiro, antes de continuar—: ¡Se avecina una tormenta en Cuenca Veraniega! Tan pronto se sepan los detalles de la masacre, reinará el caos en la ciudad, así que debemos prepararnos.
—Señor, debo decirle algo muy importante acerca de la Familia Jaramillo… —Sin embargo, antes de que la chica pudiera continuar, un grupo de hombres irrumpió en la vivienda; entonces, se escuchó una imponente voz varonil al gritar:
—¡Alto, fuera de aquí! ¡Si se atreven a tocar a mi familia, juro que sufrirán! —rugió, furioso, un hombre de barba platinada recorrió la lúgubre escena con la mirada, mientras su rostro se endurecía por completo; casi de inmediato, Wilfredo apareció a su lado.
Si bien, todos sabían que ese grupo de hombres pertenecían a Los Jaramillo, nadie había visto a la cabeza de la familia, Ezequiel Jaramillo; el anciano se había apresurado a la escena del crimen, tras enterarse de que una de las víctimas era Lucía Jaramillo, su hija.
Ante la horrible escena que se suscitaba frente a sus ojos, el anciano no pudo evitar gritar, con voz entrecortada:
—¡Juro que desataré mi furia contra el animal que se atrevió a hacerle daño a mi pequeña! —Su voz resonó en un chirrido lleno de desesperación; por ello, al verlo tan vulnerable, Antonio no pudo evitar reflexionar, anonadado:
«¡Nunca me hubiera imaginado que el Gran Maestro de la Energía Interna, un guerrero tan poderoso, pudiera comportarse de esa manera!».
Ante esa idea, el hombre maduro se apresuró a decir en tono gentil:
—Wilfredo, asegúrate de que todos se marchen de inmediato; debemos hallar al culpable. —Al terminar de emitir esas palabras, un par de hombres los tomaron del brazo, antes de comenzar a caminar, en dirección de la puerta de entrada.
—¡No puedo creer que se atreva comportarse de manera tan descabellada! Después de todo, el Ministerio de Justicia es la única organización especializada en crimen en Cuenca Veraniega, así que supongo que su familia resolverá este problema de manera poco convencional... —Isabel parecía desconcertada al hablar.
Ante su reacción, el anciano se apresuró a mirar el hermoso rostro de la joven, al tiempo que indagaba, curioso:
—Wilfredo, me pregunto si conoces a esta valiente jovencita… —Al terminar de emitir esas palabras, Ezequiel recorrió el bello rostro de la joven con la mirada.
—Papá, es la nieta de Arturo —respondió Wilfredo, sin mostrar ninguna emoción.
—¡Ja! Al parecer, a diferencia de su abuelo, usted no sabe cómo comportarse con sus mayores —La voz del anciano resonó llena de desdén al hablar.
—¡Señor Jaramillo, no le preste atención! En realidad, es una joven que no sabe qué hacer en este tipo de situaciones —imploró Antonio, antes de añadir—: Le pido, por favor, que no interfiera con el Ministerio de Justicia; como le comenté, le prometo que no tardaremos en encontrar al culpable. Ahora, deberán encargarse de los negocios de la Familia Velázquez; de otra manera, alguien aprovechará esta oportunidad para arrebatárselos.

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