«¡Espero que mi madre haya preparado uno de mis platillos favoritos!».
Si bien Elena y Gustavo eran sus padres adoptivos, eran las personas más importantes en su vida; un silencio sepulcral inundaba la atmósfera, por lo que el joven no pudo evitar sentirse nervioso. Tras una pequeña pausa, volvió a hablar:
—¡Mamá, estoy en casa! —Al percatarse de que nadie respondía, prosiguió a pensar, angustiado:
«Me pregunto dónde estarán mis padres; en realidad, solo espero que se encuentren a salvo…».
Entonces, el apuesto hombre se dirigió a la cocina, en búsqueda del almuerzo; tan pronto hubo entrado en la pequeña habitación, notó un pequeño pedazo de papel sobre una mesa, donde su madre le informaba que sus padres habían decidido mudarse de vuelta a su antiguo hogar; además, Elena mencionaba que, aunque estuvieran lejos, le pedía que la joven pareja los visitara pronto, así como su deseo de convertirse en abuela. Al terminar de leer la carta, el apuesto hombre esbozó una enorme sonrisa llena de ternura, pues sabía que su madre había decidido marcharse para que la joven pareja pudiera disfrutar un poco de tiempo a solas; al mismo tiempo, no pudo evitar reflexionar:
El joven parecía absorto en sus pensamientos, por lo que no pudo evitar sobresaltarse al escuchar el timbre de su móvil con una llamada de Josefina, cuya voz resonó desde el auricular:
—¡Querido, al parecer, me echas de menos! —dijo la joven en tono alegre.

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