Un par de horas después, Josefina se encontraba en la cocina, pues intentaba preparar la cena; no obstante, como la joven era parte de una de las familias más ricas, nunca había aprendido a cocinar. Por ello, Jaime no pudo evitar sentirse conmovido ante aquel cariñoso gesto; ante la curiosa escena que se suscitaba frente a sus ojos, el joven comenzó a sentirse extrañado al escuchar el timbre de su móvil con una llamada de Arturo:
—¡Señor Casas, me alegra escuchar su voz después de tanto tiempo! Tal vez, se pregunte sobre el motivo de mi llamada; en realidad, me gustaría invitarlo a una cena del Ministerio de Justicia de Cuenca Veraniega. De hecho, el General Lamas me pidió que intentara convencerlo de asistir, pues necesita hablar con usted de un asunto muy importante —relató el hombre y antes de que Jaime pudiera contestar, Arturo añadió—: Por cierto, el evento se llevará a cabo en el Hotel Glamur.
Al escuchar ese nombre, Jaime comentó, receloso:
—No logro comprender por qué el Ministerio de Justicia quisiera reunirse conmigo…
—Bueno, lamento informarle que el General Lamas no me reveló nada más al respecto; de hecho, solo me pidió que le avisara acerca del evento. —La voz de Arturo resonó en tono tranquilo al hablar, pues decía la verdad; en efecto, ese hombre ignoraba lo que había acontecido con la Familia Velázquez, así que solo se limitó a hacer lo que Antonio le había pedido.
—De acuerdo, llegaré en un momento —respondió Jaime de manera contundente, antes de caminar hacia la cocina para decirle a Josefina que tendrían que alistarse para una elegante cena. Tan pronto entró en la habitación, pudo percibir un intenso olor, por lo que no tardó en percatarse de que la joven había arruinado los alimentos por completo. Después de dejar escapar una estrepitosa carcajada, prosiguió a relatarle lo sucedido:
—El Señor Gómez me llamó para informarme acerca de una lujosa cena del Ministerio de Justicia en el Hotel Glamur, así que debemos apresurarnos.
Sin embargo, pronto descubrió que el semblante de la chica había palidecido en un instante al escuchar el nombre de la organización.
Tras una pequeña pausa, Josefina prosiguió a decir:
—Querido, debo confesar que tengo un mal presentimiento, pues supongo que el General Lamas desea reunirse contigo para hablar de la masacre en Residencia Velázquez.
Poco tiempo después, la hermosa pareja llegó al Hotel Glamur, donde vieron un enorme salón repleto de la élite de Ciudad Higuera, como Arturo y Gael; al percatarse de que no eran los únicos invitados, Jaime dejó escapar un enorme suspiro, aliviado. Casi de inmediato, Jaime comenzó a caminar hacia la mesa, donde se encontraba el pequeño grupo de hombres.
Al mismo tiempo, Isabel vestía su uniforme, mientras los observaba desde el fondo del recinto; la mujer parecía absorta en sus pensamientos, por lo que no pudo evitar sobresaltarse al advertir la presencia de Josefina. En ese momento y mientras sus miradas se entrelazaban, ambas parecían confundidas.
—¡Lizbeth, nunca me hubiera imaginado que podría encontrarte en uno de estos eventos! —dijo Josefina, con una enorme sonrisa en el rostro.
—En realidad, me encuentro trabajando, pues soy parte del equipo del General Lamas. —Al terminar de emitir esas palabras, Isabel añadió—: Josefina, pude notar que estabas acompañada de ese hombre —dijo la chica, al tiempo que señalaba la mesa al otro lado del salón.
—¡Oh, Jaime es mi prometido! —respondió Josefina, eufórica.

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