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El despertar del Dragón romance Capítulo 5594

—No siempre fue así —dijo el hombre en voz baja, con tono de confidencia—. Antes, bastaba el talento natural y el valor en el combate para conseguir una túnica. Luego empezaron los tratos por debajo de la mesa. Poco a poco, los ancianos exigieron pagos en gemas, y todos los reclutas prometedores ya llegaban con el puesto asegurado.

Suspiró.

—Hoy en día, todo aquel que se une directamente a las filas de la Guardia de la Espada ha comprado su privilegio.

Observó la capa manchada de Jaime.

—Eres nuevo aquí, ¿verdad? Aún no tienes contactos. No pierdas el tiempo intentando forzar puertas que ya están cerradas.

Jaime dejó que la decepción se reflejara en su rostro.

—Parece que tendré que buscar influencias antes de poder blandir una espada.

El hombre le dio una palmada en el hombro.

—Anímate. Ya estás en la Ciudad del Maestro Espadachín. Aunque nunca consigas unirte oficialmente, puedes participar en las pruebas públicas, practicar, aprender algunas técnicas... La formación ocurre donde el acero se cruza con el acero.

Jaime asintió.

—Tiene razón. Por cierto, señor, ¿cuál es su nombre?

—Noé Faw —respondió, estrechándole la mano.

Jaime, al borde de revelar su verdadero nombre, dudó.

—Oh. Yo soy Jai… Jairo Strong.

Noé soltó una carcajada, negando con la cabeza.

—Con un apellido como «Strong», tu cultivo no debe ser muy intimidante.

En ese instante, un hombre robusto de mediana edad, con una túnica descolorida de manga corta, se aproximó, observándolos con cautela.

—Los escuché —murmuró el recién llegado—. ¿Quieren unirse a la Secta de la Espada?

Noé asintió.

—Así es, pero sin un patrocinador, estamos atrapados fuera de esos muros.

El hombre susurró, mirando a izquierda y derecha como si los adoquines pudieran desvelar su plan:

—Puedo conseguirles un patrocinador, si están dispuestos a desprenderse de unas cuantas gemas celestiales.

Jaime posó una mano firme sobre el hombro de Noé.

—Lo que te falte, lo pongo yo —declaró con una voz que no admitía réplica.

Noé levantó la cabeza de golpe, los labios entreabiertos. La gratitud le ahogó cualquier sonido, pero sus ojos se clavaron en Jaime, brillando con un agradecimiento mudo e impactante.

La avaricia se encendió en la mirada del revendedor.

—¡Así me gusta! Resolvamos esto ahora mismo, muchachos.

Rápidamente los condujo de vuelta al exterior, zigzagueando por estrechos callejones hasta un patio aislado, cuyas paredes estaban cubiertas de musgo.

En medio del patio, un discípulo de la Secta de la Espada descansaba. Su uniforme estaba inmaculado y tenía las piernas cruzadas sobre un banco de piedra, como un monarca menor sin corona.

El revendedor se inclinó exageradamente, casi doblando su cuerpo en un gesto de gran adulación.

—Señor, estos dos desean unirse a la Secta de la Espada. Su tributo está listo. Su guía, por favor.

El discípulo se levantó, cruzando los brazos sobre el pecho, y miró a Jaime y Noé como si fueran productos del mercado.

—La entrada depende únicamente de mi palabra. Los exámenes comienzan mañana. Que los pasen o no depende de cuánto me honren hoy.

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