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El Día que Enterré el Amor con Mis Propias Manos romance Capítulo 10

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Rubén frunció el ceño con confusión.

—¿A qué te refieres?

—Mi prima Sara, ¿te acuerdas de ella? Acaba de graduarse y no encuentra empleo. Me suplicó que la ayudara.

Rubén pareció hacer un esfuerzo por hurgar en su memoria.

—¿Tu prima?

—Sí, la hija de mi tía, la que nos hacía de mensajera y te ayudaba a pasarme regalitos.

Él sacudió la cabeza.

—No tengo ningún recuerdo de ella.

Brenda se armó de valor para insistir.

—¿Podrías acomodarla en algún puesto? Cualquier cosa está bien, incluso si es trabajo físico.

—Dile que envíe su currículum —dijo Rubén con sequedad—. Recursos Humanos se encarga de analizar esos perfiles.

Ese fue un rechazo educado.

El Consorcio Paredes era el gigante absoluto del sector tecnológico. Todos los que entraban a trabajar ahí provenían de universidades de prestigio internacional.

Brenda sabía que Sara no servía para el área técnica, pero creyó que al menos podrían darle un puesto como asistente para servir café y sacar copias.

Al ver la actitud de Rubén, captó de inmediato el mensaje oculto.

Estaban a punto de dejar de ser familia, y no iba a usar sus influencias por ella.

Ni siquiera para un insignificante puesto de asistente.

O tal vez, simplemente temía que ayudar a la familia de su futura exesposa despertara los celos de su nueva novia.

Todo un ejemplo de fidelidad.

Brenda asintió sin agregar nada más, y salió de la casa.

Lo primero que hizo al llegar al hospital fue encender su computadora y modificar el nombre del primer autor en su documento de investigación.

Borró el nombre "Brenda Silva" y escribió "Miranda López".

Y le dio a "enviar".

Inmediatamente después, marcó el número de su tía.

La tía casi le grita en cuanto contestó, soltando el veneno.

—¡¿Te estás burlando de mí, Brenda Silva?! ¡Te crie como a mi propia hija durante seis largos años, y me dices que no puedes hacerme este mísero favor! ¿Qué pasa, ahora que eres la flamante esposa del director general ya te sientes de la realeza y te da asco juntarte con nosotros, los muertos de hambre? ¡Perfecto! Daré por hecho que los sacrificios que hice por ti fueron un desperdicio. ¡No te vuelvas a parar por nuestra casa, que nuestra humilde capilla no está a la altura de la grandiosa señora Paredes!

Al escuchar el tono de línea cortada, Brenda enterró el rostro entre las manos, dejando salir un pesado suspiro.

Miranda empujó la puerta de la oficina con una sonrisa resplandeciente.

—¡Brenda! A partir de hoy comienzo oficialmente. Trabajaremos en la misma oficina, ¡espero que la veterana me cuide mucho!

Capítulo 10 1

Capítulo 10 2

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