Rubén cerró la puerta con un portazo ensordecedor al salir.
El impacto hizo vibrar los cristales de las ventanas durante varios segundos.
A Brenda ya no le importaban los arranques de locura que él pudiera tener. Ella ya había hecho lo que tenía que hacer; las cosas se quedarían así.
Por la tarde, al salir del trabajo, su madre la llamó pidiéndole que fuera a casa a cenar.
Le dijo que su tía y su familia iban de visita.
Cuando Brenda salió de su última cirugía, ya pasaban de las siete de la tarde.
Tomó un taxi y se dirigió hacia allá.
Apenas puso un pie dentro, su tía y su tío la recibieron con sonrisas radiantes.
—¡Brenda, qué bueno que llegas! Oye, ¿por qué no vino Rubén contigo? ¿Se quedó estacionando el coche?
—Él no vino —respondió Brenda con voz plana.
—Oh, bueno, ya sabes cómo son los grandes empresarios. Seguro tiene mil pendientes en la cabeza.
—... Sí.
Su madre y su padrastro habían vivido en la costa los últimos años y apenas se habían mudado de regreso a la ciudad el mes pasado.
Como Brenda no quería preocupar a su madre, nunca le confesó la verdad sobre su situación con Rubén.
Hasta el día de hoy, su madre seguía creyendo que Rubén era el yerno perfecto que la respetaba y la trataba como a una verdadera madre.
Una vez dentro, Brenda vio a su prima Sara.
Llevaba puesto lo que parecía ser un disfraz llamativo: medias de red, unos tacones de plataforma de más de veinte centímetros y un atuendo demasiado revelador, acompañado de un maquillaje exageradamente cargado.
Sara le agitó la mano.
—Hola, prima.
—Hola.
Su madre salió de la cocina trayendo el último plato a la mesa.
—¡Listo, listo! ¡A cenar se ha dicho!
Apenas se sentaron, la tía, con una sonrisa zalamera y servicial, le sirvió un buen pedazo de carne a Brenda.
—Brenda, linda, tú sabes que tu prima acaba de graduarse y ya es hora de que busque trabajo. Pero con el título técnico que tiene, se le está haciendo imposible conseguir algo decente... Como la empresa de Rubén es tan enorme, ¿no crees que sería muy fácil para él acomodarla en un puestito tranquilo?
El silencio cayó sobre Brenda. Devolvió la comida a la fuente principal.
—Rubén y yo estamos a punto de divorciarnos, así que no creo poder ayudarlos con eso.
El ambiente en la mesa se congeló de inmediato.
La sonrisa de la tía se borró por completo, y el tío curvó los labios con sarcasmo.
—Si no quieres ayudarnos, dilo de frente. No tienes que andar inventando esas tonterías de mal agüero para zafarte.

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