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El Día que Enterré el Amor con Mis Propias Manos romance Capítulo 6

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Después de tres años sin verse, Rubén seguía teniendo ese porte elegante y altivo.

Llevaba un suéter gris de cuello alto y unos pantalones de pana oscura. Parecía haber perdido algo de peso, pero las facciones de su rostro seguían siendo igual de afiladas e imponentes.

Brenda notó que en la chaqueta que él había dejado colgada en la entrada todavía había restos de nieve que no terminaban de derretirse.

Era evidente que acababa de salir y regresaba a casa.

Al escuchar los pasos bajando las escaleras, él giró la vista, pero no dijo una palabra y volvió su atención al televisor.

Ella caminó hacia la sala.

—¿Fuiste a llevar a Miranda al trabajo?

—Sí. Con la nevada de anoche, está imposible conseguir un taxi.

—Ah.

Ya se lo imaginaba.

Brenda echó un vistazo a las noticias que él estaba viendo y comentó con tono casual.

—Paso tan poco tiempo aquí que casi nunca veo la tele. Como no he pagado la mensualidad del cable, solo agarran los canales públicos.

Él no mostró interés, solo asintió secamente.

—Entendido. Le diré a Felipe que lo pague al rato.

—Ya dejé pagada el agua y la luz, y la cuota de mantenimiento está cubierta hasta fin de año. Pero creo que el gas está por acabarse. Si vas a estar calentando leche todas las noches, te sugiero que le pongas saldo a la tarjeta pronto.

—Bien.

Brenda caminó hasta los cajones de la sala, sacó varias tarjetas y las puso sobre la mesa, justo frente a él.

—Aquí están las tarjetas de la luz, el agua y el gas. ¿Te las quedas tú de una vez, o mando a Felipe por ellas después?

Rubén tenía las piernas cruzadas. Apretó levemente las manos sobre sus rodillas.

—Faltan días para firmar el divorcio y ¿ya tienes tanta prisa por hacer la entrega de la casa?

Brenda habló con una indiferencia pasmosa.

—Aprovechando que coincidimos. Ambos somos personas ocupadas, es mejor ir avanzando con los pendientes.

Rubén la observó en silencio. Sus labios formaban una línea dura y su mirada se había vuelto sombría.

Brenda sacó el documento que había preparado durante la madrugada y lo puso también sobre la mesa.

Luego, dejó un bolígrafo encima de las hojas.

—Estos son los papeles del divorcio. Ya los firmé. Revísalos y, si estás de acuerdo, fírmalos también.

Rubén no movió ni un músculo.

Mantenía su vista clavada en la pantalla, ignorándola por completo.

Brenda continuó.

—Todas las cosas que me regalaste las dejé acomodadas en el estudio. Si te da flojera revisarlas, puedes decirle a Felipe que tire todo. Los regalos que yo te di... dudo que los hayas conservado. Déjalo así.

Hablaba con tanta concentración que no se dio cuenta de cómo la mirada de él se iba llenando de una oscuridad peligrosa y escalofriante.

Capítulo 6 1

Capítulo 6 2

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