—¿Cuál prefieres? —preguntó Fabiana, ofreciéndole ambos vasos.
—Mejor el latte, el americano es demasiado amargo para mí —respondió Marisa. El sabor del café que había tomado en casa de Sabrina todavía le raspaba la garganta.
Al entregarle el vaso, Fabiana suspiró con nostalgia.
—Quién iba a pensarlo. Justo cuando te fuiste de Jasmine, prometimos que íbamos a salir a pasear juntas, y mira... tuvieron que pasar meses para que por fin lo hiciéramos. ¿Cómo te ha ido en Vientario? ¿Le ves futuro a estar por allá? Si es así, llévame contigo. Ya estoy harta de estar encerrada en Clarosol.
Marisa sonrió mientras empezaban a caminar.
—Yo tuve que irme de Clarosol a la fuerza porque me engañaron. ¿Tú qué excusa tienes para querer huir?
Fabiana tomó una gran bocanada de aire.
—No sé... Ver el tráfico todos los días y sentir el ritmo tan acelerado de esta ciudad me está asfixiando. Descansar uno o dos meses me hace sentir culpable. Quizás me acostumbré demasiado a que me exploten, porque en cuanto tengo tiempo libre, me siento inútil.
La reflexión de Fabiana le provocó una carcajada a Marisa.
—Es cierto. Si te vas a Vientario, te aseguro que verás a la gente tomando té a media tarde sin un gramo de culpa. Pero, honestamente, alguien con tu talento se aburriría rápido; allá no tendrías espacio para brillar.
Después de charlar un poco más, Marisa tocó el tema difícil.
—¿Macarena te sigue haciendo la vida imposible?
Fabiana asintió con una expresión de absoluto cansancio, mirando el agua tranquila del lago mientras su mente era un caos.
—Sí, todavía tiene a sus abogados persiguiéndome. Estoy atrapada en puros líos legales por su culpa. Si hubiera sabido que era tan venenosa, no me habría puesto tan altanera cuando renuncié. Esa mujer es rencorosa, vengativa y de mente estrecha.
Marisa la miró con preocupación.
Marisa se despertó sobresaltada cuando un cojín le cayó en la cara.
Era suave, pero cumplió su propósito. Sabrina estaba de pie junto a la cama.
—¡Marisa, despierta! Acabo de ver el Bentley estacionado allá abajo, seguro que Rubén ya está aquí. Si no te levantas ahora mismo, no van a llegar a almorzar y tendrán que quedarse para la cena.
Marisa tanteó ciegamente hasta encontrar su teléfono. No tenía ninguna llamada perdida, así que probablemente no era el auto de Rubén.
—Todavía falta para la hora acordada, déjame dormir un ratito más...
Apenas terminó de hablar, Sabrina la jaló del brazo y la sentó de golpe.
—¡Hoy vas a ir a fingir que tienes un matrimonio feliz con tu ex! ¡Tienes que tomarte el tiempo para arreglarte como una diosa y hacer que ese idiota se arrepienta de haberte perdido!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...