Marisa contestó con una sonrisa burlona.
—¿Qué pasó? ¿No pudiste esperar para presumirme lo felices que están? ¿Quieren invitarme a cenar hoy? Porque te aviso que no creo tener tiempo.
Pero antes de que Marisa pudiera decir algo más, desde el otro lado de la línea llegó un llanto desesperado.
Lloraba con una angustia que desgarraba el alma.
El rostro de Marisa palideció al instante.
—¡Petra! ¿Qué te pasa? ¡Tranquilízate y no llores! En tu estado, un disgusto así le hace mucho daño al bebé.
Petra logró articular palabra entre sollozos, con la voz ahogada.
—Marisa... Acabo de meter la clave de la puerta y al entrar vi... vi a una mujer envuelta en una toalla. Acababa de salir de bañarse. Se me quedó viendo, sorprendida, me preguntó cómo sabía la clave del apartamento y si... si yo era la hermana de mi esposo...
Marisa se quedó petrificada, sin poder articular una sola palabra por el impacto.
Su voz temblaba cuando finalmente respondió.
—Petra, quédate ahí, espérame, por favor. Voy para allá ahora mismo. No vayas a ninguna parte, te lo suplico. Piensa en tu bebé, ¿sí?
—Marisa... Sergio me engañó. ¿Qué va a pasar con mi hijo? Mi bebé va a nacer sin un padre. Siento que me muero, Marisa...
Marisa, desesperada, intentó arrancar el auto, aterrada de que Petra pudiera cometer una locura si llegaba tarde, pero con los nervios de punta, los errores siempre aparecen.
Para su horror, el tablero se iluminó con el aviso de una falla en el motor. Era la peor situación posible; el vehículo no encendía.
Por teléfono, Petra seguía sollozando.
—No quiero que mi bebé crezca sin su padre. Ya no quiero vivir, Marisa. ¿No sería mejor que mi bebé y yo muriéramos de una vez por todas?
—¡No, no, no, Petra! ¡Tienes que esperarme! ¡Escúchame! Al menos tenemos que averiguar bien qué fue lo que pasó. Como tú misma me dijiste la otra vez, hay que escuchar toda la historia, ¿verdad?
El llanto de Petra se hizo aún más desgarrador. Escucharla sufrir así le apretó el corazón a Marisa.
Rubén se inclinó sobre ella, la levantó en vilo del asiento del conductor y la depositó con cuidado en el asiento del copiloto, antes de ponerse él mismo al volante.
—Ponte el cinturón de seguridad. Dime adónde vamos, yo conduzco.
Después de darle la dirección del apartamento, Marisa no dejó de enviarle mensajes a su amiga.
Petra, no hagas ninguna locura. Todavía no sabes cómo están las cosas realmente. Ya voy en camino, por favor espérame, ¿sí?
Pero todos sus mensajes se quedaron sin respuesta. Sentía que se asfixiaba de la angustia, abrazada a su teléfono, sin saber qué más hacer para salvar a su amiga.
Aunque Rubén no sabía los detalles de lo que estaba ocurriendo, la desesperación en los ojos de Marisa le dejó claro que se trataba de una cuestión de vida o muerte.
Pisó el acelerador a fondo.
—¿Quién está en peligro?
Marisa lo miró, sintiéndose completamente indefensa. Aunque había intentado cortar todo lazo con Rubén, en ese momento de terror absoluto, él era su único pilar de apoyo emocional.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...