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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 860

Apenas Rubén terminó de hablar, la mirada de todos los presentes se clavó en la entrada de la sala VIP del aeropuerto.

—¡Wow! —exclamó alguien, sin poder ocultar su asombro.

—¡Sabrina, qué bárbaro, tu prima está espectacular!

Rubén, arrastrado por la curiosidad colectiva, giró la cabeza. Al verla, arqueó una ceja y un brillo de profunda admiración inundó sus oscuros ojos.

Marisa arrastraba una pequeña maleta negra. Llevaba unos shorts de mezclilla y una camiseta blanca ajustada que dejaba al descubierto su cintura de avispa y sus curvas espectaculares.

Al acercarse y notar que todos la miraban como si vieran un espejismo, Marisa frunció el ceño, divertida.

—¿Qué les pasa? ¿Nunca han visto a una mujer hermosa?

Y vaya que lo era.

En sus años universitarios había sido coronada como la musa indiscutible del campus, pero su personalidad siempre fue tan discreta que, al escuchar su nombre, muchos ni siquiera recordaban su rostro. Incluso había malas lenguas que decían que había comprado su lugar en la lista de las más bellas.

Solo quienes la conocían de cerca sabían que el título se quedaba corto.

El problema era que su belleza siempre había estado envuelta en un aura de timidez, escondida bajo capas de ropa aburrida y un perfil bajo.

Por eso, ahora que había decidido mostrarse tal cual era, con la frente en alto, una postura imponente y una sonrisa de confianza pura, su atractivo era simplemente arrollador, casi ilegal.

Claudio se inclinó y le susurró al oído a Sabrina:

—Toda mi vida me estuve rompiendo la cabeza tratando de entender por qué Rubén se había casado con ella.

Y no solo casarse, sino que la había amado en secreto durante años, moviendo cielo, mar y tierra para hacerla su esposa.

Sabrina lo fulminó con una mirada de advertencia.

—Muchito cuidado con lo que vas a decir. Más te vale que no le estés echando el ojo, ¡porque es mi prima!

Claudio puso cara de ofendido.

—¡No digas locuras! A lo que voy es que, de pronto, todo el misterio tiene sentido. Rubén se casó con ella porque es una diosa. Pero es ese tipo de belleza que al principio pasa desapercibida, y de un día para otro... ¡pum! Te deja con la boca abierta.

Sabrina alzó la barbilla, inflada de orgullo.

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