Sin más opciones, Claudio dirigió una mirada de auxilio hacia Rubén.
—Yo... vine acompañando a Rubén. Él vino a llevarse a Marisa.
Sabrina lo miró como si acabara de contarle el chiste más ridículo del mundo.
—¿Me estás tomando el pelo? ¿Rubén vino a llevarse a Marisa? ¿Me fallan los oídos o a ti te falla la boca?
¿Con qué derecho iba Rubén a llevarse a Marisa ahora?
¿Y por qué habría de hacerlo?
Claudio lo pensó un segundo y tuvo que admitir que Sabrina tenía toda la razón.
Jaló un poco a Rubén.
—¡Di algo tú!
Estando en una desventaja total, Claudio solo podía poner sus esperanzas en Rubén.
Pero Rubén se limitó a posar su mirada sobre Marisa por unos breves segundos, antes de dar media vuelta y salir del club.
Claudio se quedó pasmado. ¿Así de fácil se iba?
Aunque fuera su exesposa, ¿no debería importarle un poco?
¿Por qué parecía que a Rubén le daba exactamente igual?
Sabrina se cruzó de brazos y miró a Claudio con suficiencia.
—Rubén ya se fue, ¿tú qué esperas?
Claudio se quedó mudo. Después de todo, no tenía ni un gramo de razón de su lado.
Hizo una mueca, dejó escapar un suspiro de frustración y finalmente abandonó la zona VIP.
Salió corriendo tras Rubén y lo alcanzó justo en la entrada.
—¿De verdad vas a dejar las cosas así? Aunque Marisa ya no esté contigo, sigue siendo tu exesposa, y una exesposa no debería...
Ahí se le acabaron las palabras.
Rubén levantó una ceja, con una mirada afilada e indescifrable.
—No importa de quién sea la esposa, perder la cabeza dentro de este auto no te servirá de nada.
Para Claudio, la actitud de Rubén era la típica del que mira los toros desde la barrera.
Justo cuando Claudio estaba a punto de bajarse para intentar entrar de nuevo, Rubén lo detuvo y señaló hacia el cruce de calles, donde varias patrullas comenzaban a aparecer.
—Te dije que no te desesperaras. ¿Por qué sigues siendo tan torpe como cuando teníamos quince años? ¿Crees que solo existe una manera de solucionar las cosas?
Claudio observó boquiabierto cómo un escuadrón de policías uniformados irrumpía en el club. Minutos después, todos los clientes eran evacuados y la calle se llenó de un alboroto monumental.
Marisa suspiró, frustrada.
—¡Qué mala suerte! ¿No decían que en esta isla la policía nunca se metía con estos lugares? ¿Desde cuándo hacen redadas?
Sabrina también estaba desconcertada.
—Sí, se supone que aquí nunca revisan. ¿A qué viene este operativo sorpresa? ¡Todo mi dinero se fue a la basura!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...