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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 889

Los empleados de la cafetería no se atrevían ni a acercarse a Macarena. Cuando vieron regresar a César, lo miraron como si fuera su salvador.

César se paró junto a ella. Macarena estaba sentada y él de pie; la diferencia de auras entre los dos era abrumadora.

Al verlo, la rabia contenida en el pecho de Macarena se encendió aún más. Lo fulminó con una mirada cargada de resentimiento.

—¿Hasta ahora se te ocurre venir a ver cómo estoy?

Su tono llevaba esa clásica exigencia de niña mimada.

Un berrinche que solo funcionaba si la otra persona seguía dispuesta a complacerla incondicionalmente.

—¡Ya no necesito que me cuides, César! ¡Si quieres irte con Marisa, pues lárgate con ella! ¡No voy a esperar nada de ti nunca más! ¡No te voy a volver a dirigir la palabra!

Eran las típicas amenazas de alguien que quería que le rogaran.

Pero a César, esas palabras ya no le causaban ningún efecto.

Le ofreció un pañuelo.

—Límpiate.

Macarena tenía la cara manchada de lágrimas, pero el tono de él era frío y distante.

Ella siguió con su berrinche.

—¡Lárgate! No quiero verte. ¡No quiero saber de ti en todo este mes! ¡Vete con Marisa de una buena vez!

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