El sonido estridente de una alarma de teléfono móvil cortó el silencio en la lujosa suite de Sofía Estevez.
En la pantalla, una notificación brillaba con insistencia bajo la hora, 7:00 a.m. El recordatorio de un evento en su calendario social: "19:00 hrs - Coctel Anual de Jóvenes Filántropos. Club Hípico". El evento más importante de la temporada.
Sofía se quejó, apartando el teléfono con un gesto perezoso. Se estiró entre las sábanas de seda egipcia, saboreando los últimos momentos de sueño. Anoche se había sentido victoriosa, imaginando la cara de envidia de Alejandra. Hoy, cosecharía los frutos.
Se levantó de la cama y caminó sin prisa hacia el enorme baño de mármol, bostezando.
Se paró frente al espejo, esperando ver un rostro radiante, una piel de porcelana gracias a la carísima crema suiza.
Un grito ahogado, agudo y lleno de incredulidad, se le escapó de la garganta.
La mujer en el espejo no era ella. Era una pesadilla.
Su rostro, normalmente pálido y cuidado, estaba cubierto por un espantoso sarpullido de un rojo violento e inflamado. Pequeñas pústulas se agrupaban en sus mejillas y su frente. La piel estaba visiblemente irritada, escamosa al tacto y ardía con un fuego interno.
Era una reacción alérgica. Una reacción catastrófica.
El pánico la golpeó con la fuerza de un golpe físico.
—¡No, no, no!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...