Entrar Via

El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 368

El balbuceo de pánico de Don Guillermo se extinguió en un sollozo ahogado.

Se quedó allí, un hombre roto en la cabecera de su propia mesa de banquetes.

La sala, antes un símbolo de su poder, era ahora el escenario de su humillación.

Ricardo permaneció en silencio. Su rostro era una máscara de granito. No ofrecería consuelo. No mostraría piedad.

Fue Alejandra quien habló.

Por primera vez desde que había puesto la carpeta sobre la mesa, su voz cortó el aire.

No era una voz de ira. No era una voz de dolor.

Era fría. Precisa. Cortante como el vidrio.

—Explícalo.

La orden fue de una sola palabra.

Una orden que lo despojó de la última pizca de su autoridad y lo colocó firmemente en el banquillo de los acusados.

Don Guillermo levantó la vista. Vio la ausencia total de emoción en los ojos de Alejandra, y supo que no había escapatoria.

La historia se derramó de él.

No como una confesión voluntaria, sino como un veneno que finalmente encontraba una salida.

—Empezó hace años —murmuró, su mirada perdida en los recuerdos—. Con los Morales. Teníamos un acuerdo.

Su voz era monótona, la de un hombre recitando su propia esquela.

—Farmacéutica Morales necesitaba precursores químicos. Difíciles de conseguir legalmente. Nosotros, con nuestras licencias de importación para la constructora, podíamos traerlos. Cemento, acero… y precursores. Nadie miraba los manifiestos con demasiada atención.

Reveló el esquema. El lavado de dinero. El imperio construido sobre una base de corrupción.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra