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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 453

Sofía caminaba junto a Eduardo mientras hablaban y recorrían el jardín.

—Señor Villareal, hay algo que siempre quise preguntarte, pero nunca me animé —dijo.

Eduardo la miró, sorprendido.

—Dime.

—Cuando Diego aceptó casarse conmigo... ¿fue porque tú lo obligaste? —preguntó con tranquilidad.

Eduardo la observó un momento y luego volteó al frente.

—No lo obligué. Le hablé del tema y él dijo que estaba de acuerdo. Ustedes dos lo conversaron y decidieron casarse en secreto, con discreción.

Sofía se quedó callada.

—Desde niño, Diego ha sido un muchacho orgulloso, de carácter fuerte, siempre queriendo llevar la contraria. Me sorprendió que en esto aceptara como si nada. Tú lo querías, él aceptó casarse contigo y pensé que se llevaban bien. Por eso, en estos tres años, solo metí un poco la mano. En las reuniones de familia siempre se notaba que tenían buena relación.

Entonces Eduardo cambió su tono.

—¿Han tenido problemas últimamente?

Sofía vio en él una calma y honestidad que la conmovieron.

No respondió de inmediato. Siguió caminando, miró a los peces del estanque y luego volteó hacia él.

—Señor Villareal, pase lo que pase, ¿tú nos vas a apoyar? —preguntó.

Eduardo se detuvo.

Sofía también.

Él la miró fijamente, pero ella no se echó atrás. Sin dudar, le sostuvo la mirada, sin importar lo penetrante que fuera.

Por fin, Eduardo entendió todo.

Comprendió la razón de su cambio y lo aceptó con un suspiro. Después, con esa mezcla de autoridad y cariño que lo caracterizaba, dijo:

—Por supuesto.

Sofía obtuvo la respuesta que necesitaba y, con eso, se quitó un peso de encima.

Aun así, era su cumpleaños y Sofía no pensaba amargarle el día. Sin embargo, tampoco iba a seguir fingiendo con Diego.

Toda la familia iba a estar reunida. Era el momento perfecto.

No quería dejarlo pasar.

Aun así, tenía que hablar con Eduardo antes, para que no fuera un golpe de sorpresa.

Esa era la razón por la que llegó tan temprano.

De cualquier modo, alguien iba a salir herido. Y aunque Eduardo intentara convencerla, nada iba a cambiar.

Por eso Sofía ni siquiera preguntó si él la culparía.

Diego tendría que soportar la presión.

Además, descubrió algo que no esperaba. Siempre creyó que ese matrimonio fue impuesto y que por eso Diego la trataba con tanta indiferencia. Pero ahora sabía que él aceptó por voluntad propia...

Diego dudó.

—¿No me estás mintiendo?

Justo entonces pasó Jacob, y Sofía le pidió que hablara un momento con Diego para confirmarlo. Solo así él pareció creerle.

Y su corazón, sin motivo, dio un salto.

Si Sofía había llegado antes que él a la casa de su abuelo, eso solo podía significar una cosa.

¡Había aceptado volver con él!

El mal humor que lo acompañaba desde el día anterior se le quitó de golpe. Hasta su voz sonó más tranquila, con una emoción imposible de ocultar.

—Está bien, entonces espérame en casa de mi abuelo...

Antes de que terminara la frase, Sofía colgó.

Miró el teléfono y alzó una ceja.

Luego, con una sonrisa tranquila, se despidió de Jacob, abrió la puerta del auto, pisó el acelerador y salió sin mirar atrás.

No bajó la velocidad ni siquiera en las curvas de la montaña. Fue como un tornado.

***

Sofía no pensaba ir al banquete con Diego.

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