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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 489

La última vez que Sebastián había visto a Alejandro fue en casa de Sofía.

Ese día, él se había aparecido sin pena a cenar, pero estaba claro que entre ellos dos no pasaba nada.

Ahora, sin embargo... ya no estaba tan seguro.

Bajó del auto furioso y se acercó a ellos.

De un tirón, sujetó la muñeca de Sofía.

Y fue entonces cuando lo vio: el anillo en su dedo anular izquierdo.

Miró a Alejandro... y en su mano, el mismo anillo.

Su mente estalló.

Una sensación de traición lo golpeó de nuevo, tan fuerte que ni siquiera quiso gritar.

Solo clavó la mirada en su hermana.

—Sofía, ¿vas con él... o conmigo? —le soltó con la voz temblorosa, los ojos encendidos como los de un lobo joven, salvaje y enfurecido.

Alejandro alzó la mirada, pero Sebastián lo cortó de inmediato.

—¡Tú, cállate!

Alejandro no dijo nada.

Sebastián, con la rabia desbordada, parecía una fiera acorralada.

—Estoy hablando con mi hermana, ¿quién te crees para meterte? —dijo Sebastián, molesto.

A sus ojos no era más que un hombre con segundas intenciones, alguien que se aprovechaba de su hermana.

¿Quién sabía si en serio la quería o si solo era un capricho pasajero?

Al final, los hombres eran todos iguales, y él lo sabía muy bien.

Lo que más lo enfurecía era que Sofía no le había contado nada.

¿También lo estaba dejando fuera de su vida, como a Mateo?

¿De verdad desconfiaba así de él?

—¡Decide, Sofía! —La miró fijamente, con los ojos encendidos—. Si eliges a ese tipo, te juro que no vuelvo a hablarte.

Sofía miró su cara descompuesta.

No podía ignorar cuánto le dolía ni hacerse la indiferente, porque se preocupaba de verdad por él.

Así que decidió calmarlo sin pensarlo mucho.

—Está bien, me voy contigo. Te voy a explicar todo.

—¡Ni siquiera me dejas manejarlo a mí y dejas que lo conduzca él! ¿Qué te pasa? ¿Pensaste en mí, aunque fuera un poco? —respondió Sebastián, cada vez más molesto.

Estaba convencido de que Alejandro había ocupado el lugar que él tenía en el corazón de su hermana.

Sofía respiró hondo y sonrió.

—¿Qué tonterías dices? ¿No ves que Alejandro me hace de chofer gratis?

Sebastián se quedó mudo un instante, pero se molestó aún más.

—No me vengas con eso. ¿Y ese anillo? ¿Y esta casa? ¿Y por qué salen juntos tan temprano vestidos así? ¡Negro y blanco! ¿¡Acaso se creen pandas!?

—Te dije que te iba a explicar todo, ¡deja de interrogarme! Y panda tú, mocoso.

Alejandro, ajeno a la discusión, ya había arrancado el auto y se alejaba del lugar.

Sofía suspiró.

—Vamos a mi oficina. Nunca has ido, ¿verdad? Vamos, quiero que la veas.

Sebastián apretó los dientes.

—Bien. Pero más te vale explicarme todo o no va a terminar bien entre nosotros.

—¿Ah, no va a terminar bien? ¿Qué piensas hacer, una revolución? —dijo ella, dándole un golpecito en la nuca—. ¡Anda, conduce de una vez! —añadió, sonriendo, mientras él contenía la irritación.

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