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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 562

—¿Por qué no viniste a verme? —preguntó Diego, con la voz tensa—. ¿Sabes lo desesperada que te ponías antes? Querías estar conmigo las veinticuatro horas del día. ¿Cómo puedes ignorarme así ahora?

Sofía se puso seria.

—Tengo la rodilla lesionada y todavía no me recupero. ¿Por qué no vienes tú a pedirme perdón de una vez?

Diego había querido hablar con calma, pero se volvió a notar tenso.

—Alejandro me ha estado causando muchos problemas. No he podido moverme. En realidad, toda esta semana estuve intentando encontrarte... y por fin te veo. Sofía, ¿por qué ahora es tan difícil verte, aunque sea por un momento?

Sofía ya no soportaba su victimismo.

¿Acaso él se creía sus propias palabras? ¿O aprendió las tácticas de Gabriel?

—Ya me encontraste —respondió con seriedad—. ¿Y ahora qué? ¿Qué quieres de mí?

—Te lo dije: quiero volver contigo —dijo Diego, firme—. Sé que estás con Alejandro solo para provocarme. Si vuelves a mi lado, prometo no guardarte rencor por nada.

Sofía lo miró con una mezcla de ira y desprecio.

—Diego, ¿cómo puedes ser tan descarado? Ya no tenemos nada de qué hablar. Te lo repito por última vez. Primero: jamás voy a volver contigo. Y segundo: lo que tengo con Alejandro es serio.

Diego se tensó, se le marcaron las venas de la frente y, en sus ojos, apareció esa mezcla de rabia y locura que Sofía conocía tan bien.

Ella no se inmutó. Sabía que lo siguiente iba a ser una explosión. Ya estaba lista para llamar a Clarissa y a los demás para que entraran.

Pero, contra todo pronóstico, Diego respiró hondo y se obligó a calmarse.

—¿Sabes lo furioso que estoy ahora?

Sofía apretó los puños.

—No es mi problema.

—¿Cómo que no? —respondió con un tono peligroso—. Mi rabia es por ti: por ese divorcio, por tu indiferencia, por las mentiras que dices solo para herirme.

Sofía relajó los dedos y suspiró con desprecio.

—No tienes remedio. Adiós.

Se levantó y comenzó a caminar hacia la puerta.

—Si la cara de Carter llegara a arruinarse... ¿crees que podría seguir soñando con ser actor? —dijo Diego de repente.

Sofía se detuvo en seco.

Diego le agarró la muñeca mientras le pasaba la mano por ella con una calma enfermiza.

—Sabes que estoy furioso.

—¿Y cuándo no lo estás? —respondió ella.

—Si me haces caso, se me pasará —murmuró, con una sonrisa.

Sofía intentó zafarse, pero él no la dejó.

—¿Te duele la rodilla? —preguntó mientras seguía pasando los dedos por su muñeca.

Sofía sonrió, pero se mantuvo seria.

—No te preocupes. Alejandro me cambia el vendaje todos los días. Ya no me duele.

Las venas en la frente de Diego volvieron a tensarse. Su mano temblaba de rabia, pero se contuvo.

No quería repetir la locura de San Rafael.

—Hazme un favor —dijo por fin, con esa voz baja que siempre anticipaba algo peligroso—. Hazme sonreír... y entonces te dejo ir.

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