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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 611

Diego no preguntó nada más y se volteó para irse.

Isabella se despidió de sus amigos, que no paraban de hacerle preguntas, y se quedó sola con Cristina.

—Sofía va a convencer a Sun de celebrarme el cumpleaños y ella también me va a llevar a dar una vuelta. ¿Cómo no voy a ceder? ¡Tengo que ceder por amor! —dijo Isabella, con una sonrisa de satisfacción.

Cristina también estaba muy sorprendida, tan emocionada como Isabella.

—¡Uy, Isabella! ¡Te ganaste la lotería! ¡Vale la pena el golpe! —respondió, con entusiasmo.

—¿Verdad? —ella respondió, con la frente en alto, muy orgullosa de sí misma—. Si no fuera por este pequeño golpe, hoy habría salido perdiendo de todas maneras. —Advirtió Isabella a Cristina—. Lo del golpe, tienes que guardarlo en secreto toda la vida, ¿entendido?

—Tranquila, ¡también quiero ver a Sun! —respondió Cristina.

***

La herida de Sebastián fue atendida de manera sencilla y Sofía se preparaba para llevarlo. Él todavía tenía cosas que hacer y decidió tomar un taxi por su cuenta. Con sus insistencias, ella se fue en su auto.

El taxi de Sebastián iba a llegar en pocos minutos, así que se esperó en la acera. De pie e indiferente, Sebastián esperó el taxi, solo levantando la vista de vez en cuando para mirar su celular.

Su mirada, como la de Sofía, era penetrante; sus facciones masculinas le daban una apariencia naturalmente firme. Cuando él no mostraba ninguna emoción, se veía tan amenazante que resultaba muy atractivo; y si alguien lo enfurecía, lo miraba fijamente, con una intensidad que imponía respeto.

Isabella llegó a la entrada del hospital y vio esa escena. Alto y delgado, Sebastián estaba de perfil; su silueta sofisticada llamaba la atención. No sabía por qué, pero le parecía atractivo.

Había visto a todo tipo de muchachos guapos, tanto de aquí como de fuera, pero el estilo de Sebastián era único. Tal vez se debía a que nadie jamás la había mirado de esa manera tan intensa. Además, a Sebastián no parecía importarle nada el estatus, algo que a ella de verdad le llamaba la atención.

A pesar de estar en una posición menor a ella, Sebastián no parecía darse cuenta. No se sometía ni bajaba la cabeza, mientras Isabella se moría por doblegar su orgullo.

El dueño de un perro indisciplinado debía enseñarle modales. Eso tenía que ser bastante satisfactorio, ¿no?

Así que, claro, ser guapo era importante, pero encontrar a alguien que le hiciera sentir que cada momento era interesante, era difícil.

Pero, Sebastián ni se inmutó. A pesar de ser tan orgullosa, Isabella era flexible.

—En serio, me di cuenta de que cometí un error. Estoy siendo sincera. Mira, ya estoy siendo amable, ¿no podemos ser amigos?

Su papá era guapo e Isabella también era hermosa, con un carácter vivaz y extrovertido. Por eso, con su belleza y sus dulces palabras, sabía que era difícil que Sebastián se resistiera.

Esperó su respuesta.

En ese momento, un auto se detuvo frente a Sebastián y él abrió la puerta para subirse. La expresión de Isabella cambió al instante.

—¡Ah! ¿Me estás ignorando?

Sebastián se volteó y la miró fijamente, lleno de desprecio.

—Tú, aléjate de mí.

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