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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 612

El auto salió rápido. El aire del escape golpeó la cara de Isabella.

"¿De verdad se va, así como así?", pensó, furiosa. "¡¿Y con esa cara?!"

¿Y en ese momento la mandaba a alejarse? ¿Quién se atrevía a hablarle así? ¡Ya lo habría golpeado! La ira de Isabella era imposible de ocultar.

Cristina, que observaba a un lado, no se sorprendió tanto por la reacción de Sebastián, pero tampoco fue indiferente. Se acercó rápido y, cuando vio la expresión de Isabella, no se atrevió a provocarla; en silencio, admiraba lo impresionante que era él.

Isabella miraba la parte trasera del auto y apretaba los dientes. En su vida, hacía mucho que no había alguien que actuara de esa manera, sin importarle su actitud. Sofía era una de esas personas y en ese momento estaba Sebastián.

Maldita sea, cuando Sofía apareció, ni siquiera se había atrevido a decirle una palabra dura. Pero, como Sofía había cambiado, todavía había momentos en que podía dominarla. Pero a Sebastián no; desde el primer encuentro se había atrevido a amenazarla y ni siquiera la tomaba en cuenta.

¿Qué creía, que ella no iba a darle importancia? Isabella estaba muy enfadada.

Sin embargo, no estuvo molesta por mucho tiempo; de hecho, eso solo le daba más motivación. Una persona difícil era un reto y si Sebastián le hacía caso, ¿qué diferencia habría con esas personas que trataban de acercarse a ella solo para que invierta en proyectos inútiles?

Justamente, por esa actitud tan única de Sebastián, decidió pasarla bien con él.

Un grupo de amigos de Isabella llegó en sus autos deportivos y, cuando vieron lo que había sucedido, el rugido de los motores se escuchó mientras varios autos deportivos se detenían frente a ella.

El que iba al frente bajó la ventana y, cuando vio la expresión de Isabella, comentó:

—Qué muchacho tan imprudente, Isabella. ¿Qué te parece si hago que unos profesionales se encarguen de él? O podemos armar una trampa para que pase unos meses en la cárcel, justo tengo un contacto que...

—Cállate. —Interrumpió Isabella, con una actitud arrogante, mientras le decía—: A la gente que me interesa nadie puede tocarla.

Cuando vio que Isabella hablaba en serio, el amigo se sorprendió.

—¿Qué? ¿Te interesa? ¿Así de raros son tus gustos?

—¿Qué tiene? Lo que me gusta es alguien que no me obedezca. Si él no fuera así, ¿entonces, para qué? —respondió Isabella, con tono desafiante.

Ella no lo veía como un problema.

—Yo sé; yo lo trato bonito y a él no le importa. Pero, aunque se haga el fuerte, al final lo voy a hacer sufrir.

Cristina estaba acostumbrada a los cambios de humor de ella. Ese día, antes de la pelea, casi quería que Sebastián se disculpara de rodillas para calmar su enojo y, de repente, lo consideraba una presa.

Isabella nunca se conformaba. Tenía que fingir ser amable con Sebastián para acercarse a él y eso le resultaba muy estimulante, una situación que nunca antes había experimentado.

A pesar de eso, Cristina no tenía opción más que seguirle el juego.

***

Ya era tarde, así que Sofía decidió regresar a casa.

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