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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 635

Beatriz la miró con calma.

—¿Tienes una cita agendada? —preguntó.

Isabella mintió, sin siquiera pestañear.

—Soy la hermana de Sofía. ¿Necesito una cita para ver a mi hermana?

—La directora está en una reunión —respondió, con tono profesional—. Vas a tener que esperar un momento. Pero como no puedo confirmar tu identidad, necesito tu nombre para informárselo.

La otra alzó las cejas, sorprendida, y de inmediato volteó hacia Cristina y se echó a reír.

—¿"Directora"? ¿Le dicen directora a Sofía? ¡Ay, por favor! No puedo con esto, ¡qué ridículo suena! ¡Así que Sofía ahora es directora! ¡Qué emocionante!

Beatriz, ya fastidiada, la miró fijamente. Cristina le tomó el brazo a Isabella, intentando calmarla.

—Ya, no te rías. Venimos por algo importante.

La exagerada Isabella suspiró y, con aire condescendiente, dijo:

—Está bien, voy a esperar. Pero dile que termine la reunión cuanto antes. No me gusta perder el tiempo. Si me aburro, me pongo de mal humor. Ah, y tráeme algo de beber, ¿sí? ¿Dónde está la sala de descanso?

Cuando vio la cara molesta de Beatriz, cambió de tono y sonrió con una dulzura fingida.

—Hola, me llamo Isabella, ¿podrías avisarle a tu "directora" que estoy aquí?

Le guiñó un ojo, juguetona; era su manera de sentirse generosa, regalando un poco de atención, como lanzándole migajas. Seguía igual de arrogante que siempre.

Beatriz se aguantó las ganas de suspirar. "¿Cómo puede Sofía ser amiga de una persona así?" Sin decir nada más, señaló hacia un lado.

—La sala de descanso está por ahí. Espera, por favor.

No dio ni un paso para acompañarla; solo se fue. Isabella se quedó con la boca abierta.

Los empleados miraban desde lejos, intrigados. Esa muchacha, que había armado un caos en apenas una hora, ¿quién demonios era para atreverse a hablarle así a la jefa?

—Debería haberte hecho esperar hasta la hora de cierre —respondió Sofía, con voz cortante—. Vienes sin avisar y te atreves a quejarte. ¿Te cuesta entender lo que es la educación básica?

Isabella se enfureció; estaba acostumbrada a que la consintieran, no a que la regañaran. Pero Sofía no solo no la complacía, sino que le respondía con una indiferencia que rozaba la provocación.

Cristina la tomó del brazo rápido.

—Tranquila, tranquila —susurró.

Sabía que Isabella tenía un temperamento explosivo; por eso le había prometido que la iba a detener si perdía el control. Ella respiró hondo; tenía un objetivo más grande que su orgullo: Ver a Sun valía cualquier humillación.

Al cabo de unos segundos, la furia se le fue de la cara y la reemplazó por una sonrisa ensayada.

—Ay, ya sabes cómo soy —dijo, con un tono un poco despreocupado—. Esperé tanto que me desesperé un poco. Pero no te lo tomes a mal, ¿sí? Sabes que tengo un carácter difícil de cambiar.

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