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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 636

Sofía la miró y señaló hacia su oficina.

—Ven.

Apenas Sofía volteó, Isabella cambió por completo de expresión. "¿Ahora qué se cree? ¡Por favor!"

***

Dentro de la oficina, Sofía se sentó en el sofá y le indicó a Isabella que se sentara frente a ella. A la joven no le gustaba para nada esa actitud tan autoritaria. ¿Cómo podía no mostrarle ni un poco de amabilidad? Antes no era así.

Sofía había cambiado. Ella tenía el control e Isabella se sentía obligada a seguirle el paso, como si fuera solo una subordinada más. La forma en que Sofía la miraba no buscaba complacerla, ni un poco; no le importaba su opinión.

Isabella, acostumbrada a que todos le dieran un trato especial, apenas podía contener la rabia; se debatía entre el enojo y la impotencia. Si Sofía la provocaba un poco más, iba a explotar.

Por suerte, Cristina le había dicho todo el camino: "aguanta". Y, para sorpresa de cualquiera, ella lo logró. Furiosa pero callada, con los labios apretados, se sentó frente a Sofía.

¡Maldita sea! Ni ella entendía cómo podía estarse conteniendo así. ¿Desde cuándo tenía tanta paciencia? ¿Solo por Sun? Tal vez no del todo... Pero, algo había cambiado dentro de ella, aunque no supiera explicar qué.

Sofía, cuando vio cómo reaccionaba, casi se rio. Que Isabella se estuviera conteniendo tanto era como para aplaudirle. Entonces, alzó una ceja, sonriendo.

—Habla. ¿Qué querías?

—Mi cumpleaños es mañana —respondió Isabella, con tono arrogante—. No lo habrás olvidado, ¿verdad?

Sofía repasó su agenda mentalmente.

—A las ocho de la noche, Sun va a ir a verte. Te va a llevar a dar una vuelta.

Cuando la escuchó tan segura, Isabella se tranquilizó de inmediato.

—¿Y si me dejas hablar con Sun ahora mismo? Solo un minuto.

—La verás mañana —respondió Sofía, con un tono muy serio—. Hablarán entonces.

"¿Qué tono es ese?", pensó Isabella, con los dientes apretados. "¿No puede hablarme como una persona normal?" En realidad, Sofía no estaba siendo grosera, solo directa; pero para alguien tan malacostumbrada como Isabella, cualquier trato que no incluyera halagos sonaba ofensivo.

—¿Hay algo más? —preguntó Sofía, con calma.

Isabella la miró, tratando de contener la furia.

—¡Claro que sí!

—Entonces búscalo tú. Si él quiere ir, no tengo por qué intervenir.

—Ya lo intenté. No me respondió.

Sofía la miró un instante, sorprendida.

—Ah... por eso vienes a mí. ¿Porque te ignoró?

La cara de Isabella se tensó de rabia.

—¿Te estás burlando de mí?

—Si Sebastián ya te rechazó, mucho menos voy a ayudarte yo. —Concluyó Sofía—. Ahora vete.

—Tú... tú... —balbuceó la otra, temblando de indignación.

Sofía, sin darle oportunidad de responder, señaló la puerta. La estaba echando. Pero, Isabella no quería irse humillada. De repente, dijo, con una sonrisa fingida:

—Oye, Sofía, ¿por qué no te reconcilias con mi hermano? Yo los ayudo. Si vuelves a ser mi cuñada, sería mucho más fácil pedirte favores.

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