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Él Eligió a Otra, Yo Elegí a Su Hermano romance Capítulo 645

“Loca”, esa era la descripción más precisa.

Desde el momento en que Sofía tomó el volante, en el fondo ya lo había presentido: ella era Sun. Solo que el impacto de darse cuenta la había dejado aturdida, incapaz de procesarlo.

Necesitó tiempo para asimilarlo, hasta que, ya en el circuito, reaccionó y se animó a preguntarle si la había estado engañando. No hizo falta que Sofía le contestara con palabras; le dio la respuesta con hechos, pisando el acelerador y llevándola a toda velocidad por la pista.

Isabella había imaginado mil veces cómo sería compartir un auto con su ídolo. Se había figurado que Sun, después de tantos años sin competir, la llevaría en un paseo tranquilo, solo para recordar viejos tiempos. Y, aun así, con eso le habría bastado para sentirse feliz.

Jamás se imaginó algo tan extremo, tan lleno de energía. Solo de recordarlo, le daban ganas de gritar de emoción, como si el cuerpo necesitara sacar toda la adrenalina que todavía cargaba encima. La admiración que sentía por Sun rozaba la obsesión. Quería saberlo todo de ella, copiar sus gustos, sus gestos, su estilo. Y esa curiosidad se volvía aún más fuerte, porque Sun era Sofía.

¡Ella era Sun! Todo cobraba sentido: las fotos inéditas, los videos de entrenamiento que solo ella tenía. Claro... Isabella intentó digerir ese golpe de realidad. Sofía, la mujer que había sido su cuñada durante años, a la que veía cada mes, la que cocinaba increíble... A quien ella había tratado con desprecio, descargando encima de Sofía sus caprichos y su mal humor, sin mostrarle ni una gota de gratitud.

La había humillado, la había ignorado y siempre sintió que tenía derecho a hacerlo. Por primera vez, en su vida, sintió vergüenza de verdad. ¿Cómo había podido tratar así a su ídolo? Sintió ganas de darse una cachetada.

Y no era solo culpa; también sentía una inquietud rara. Porque la Sofía que tenía enfrente se le hacía desconocida. Era como si hubiera estado ciega todos esos años. Nunca se había detenido a observarla en serio, ni mucho menos a intentar entenderla.

Simplemente le había parecido alguien que no valía su tiempo. Y... esa cuñada resultaba ser la persona a la que más admiraba. Lo que antes le parecía familiar, se le volvía un misterio. Y ese misterio le imponía.

Sofía se había convertido en alguien que no terminaba de entender, casi inalcanzable. Esa misma presencia que antes solo le despertaba soberbia, le provocaba respeto... y un poco de miedo. Con la voz casi apagada, Isabella preguntó:

—¿... Podrías contármelo? —Nunca imaginó que un día le hablaría así, con tanta cautela.

Sofía pensó en la persona que había sido, en todo el dolor que había ido acumulando y decidió no esconderlo más.

Ella sabía que Isabella amaba esa sensación de libertad, pero no alcanzaba a entender del todo el motivo. El silencio de ella no era indiferencia; era puro impacto, porque Sofía había descrito, palabra por palabra, lo que ella sentía.

Desde niña había querido ser libre, escapar de las reglas, de la vigilancia de su familia, de las expectativas que la asfixiaban. Todos la llamaban rebelde, frívola, alguien incapaz de comprometerse.

Pero nadie había entendido que no se trataba de un simple capricho: era una necesidad. Y Sofía, su ídolo, su exrival en apariencia, había puesto en palabras todo eso que nunca había sabido explicar.

Isabella se cubrió la cara con las manos. Recordó ese día, meses atrás, cuando se encontró con Sofía en el circuito y la ridiculizó delante de Valentina, diciendo que no sabía nada de automovilismo.

Y, en ese momento, conocía la verdad. Sofía no solo entendía del tema. Sofía era Sun.

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