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El éxtasis del dolor: Hasta que tu muerte nos separe. romance Capítulo 252

—No necesitas posponer nada —Alaric le puso uno de los vasos en las manos—. La boda puede hacerse sin mi presencia, sin dramas.

—Eso mismo le dije a Massie —su hermano soltó una risa breve al notar la mirada violeta de Harper fija en él—. Pero siendo más serios, creo que no es difícil entender que queremos que estés ese día.

—Alaric…

—Solo dime que no quieres ir y listo. No hacemos escándalo, la boda se hace cuando estaba planeada —Harper lo vio mientras Marek hojeaba una revista de moda masculina desde el sillón de enfrente.

—Si lo que te preocupa es el regalo, te lo enviaré.

—No quiero tus regalos —respondió con una mueca, tomando un trago del café—. Delphine dice que llevará a su… marido o como sea que le llame, y ese tipo no va a ninguna parte sin un séquito de albaneses con cara de funeral.

Harper se rió suavemente.

—Tú tienes un marido medianamente normal.

—También tengo que andar con seguridad.

—Pero no veinte albaneses que miran como si fuera un pecado mortal respirar cerca de la mujer que cuidan —bufó señalando a Marek comerse sacar un caramelo del bolsillo y llevarlo a su boca. Harper solo hizo una mueca—. Ese sujeto es... raro. Nunca sabes si te tocará el que pelea por el sobrino o el que te amenaza por mirarlo dos segundos seguidos.

—Si te escucha, vas a caerle aún peor.

—Solo le dije que debía hacer las cosas legalmente con mi hermana, y al día siguiente tenía doce sirvientes con relojes, joyas de oro y dos autos frente a la casa.

Harper soltó una carcajada, bajando la vaso.

—Él es así. Delphine es feliz con él. Y tu sobrino va a estar más seguro con ese loco que con un batallón entero.

—Eso no quita que esté loco —insistió Alaric, y Harper sonrió contra el borde de su vaso de café.

Un silencio breve se coló entre ambos. Marek hojeaba aún la revista, pero Harper notó que la atención de su hermano había cambiado. No necesitó que dijera nada. Sabía lo que venía.

—¿Te duele no verla por la casa? —preguntó finalmente, bajando la voz y sin mirarlo directamente—. Es... extraño no oír su voz. Su risa. Todo lo que llenaba cuando llamaba.

Alaric no respondió de inmediato. Miró hacia el final del pasillo, como si pudiera encontrar una excusa allí para no enfrentar lo que ya dolía suficiente.

—Sí —susurró—. Pero lo que hizo fue una elección. No se equivoca quien tropieza. Se equivoca quien planea dónde hacerlo.

—Es raro no verla o saber más que vive en un apartamento alejada de todos—, Harper aclaró la voz luego de sus palabras—. Pudo habernos advertido. Pudo decirlo antes que Valente y…tal vez…haber cambiado algo, no entregar a Fannie.

Suspiró agotada. Ni siquiera ella era capaz de ver a su amiga a la cara luego de lo sucedido. Tampoco quería ir a la boda de su hermano por no ver el homenaje hacia los padres de Massie, porque la culpa la carcomía.

—Massie no la quiere cerca—, suspiró su hermano—. Mamá es la única que la visita de vez en cuando —informó, con un dejo de decepción. —Dice que como sea, cuidó de nosotros, de ella. Y que, por agradecimiento, la visitará para que no cometa una tontería al sentirse abandonada.

—Lo sé.

—Darek incluso fue más drástico. Le prohibió acercarse a su hijo.

—Darek no hace concesiones con quien traiciona —Harper ladeó la cabeza mirando a su guardián tomarle fotos a lo que vestía un modelo para ponerlo en el buscador—. Y lo entiendo. Aunque me duela.

—Sigue siendo la mujer que te cuidó desde pequeña—, dedujo él.

—Y también la que vendió mi confianza —replicó Harper sin elevar la voz, con la tristeza que no podía esconder—. No fue por desesperación. Fue por convicción. Ella creyó que al entregarme estaba evitando que mi destino fuera igual al suyo.

—¿No piensas perdonarla?

—No es odio el que siento, Alaric—, confesó—, es decepción. Miedo a que haga algo igual y ponga en riesgo a Noelle, a Delphine, peor aún, a Zivan. Mi sobrino no merece estar en un mundo tan cruel donde te traicione quien dice amarte.

Alaric recordó lo que dijo Delphine sobre Harper con el bebé y rió, escondiendo la mueca con el vaso.

—A veces pienso que la justicia familiar pesa más que la legal —murmuró su hermano luego de una pausa.

—Porque la familia no condena con aislamiento físico, sino con distancia emocional —, contestó mirando su anillo. Los últimos días era como un recargador de energía, siempre la hacía sentir más acompañada con solo saber quién se lo había colocado en el dedo. —Iré a la boda. Pero no llevaré regalo.

Su hermano suspiró.

—Organizaremos las fechas de nuevo y te aviso la que más te convenga—, escuchó pasos en grupo y eso alertó a todos. Marek ni se mosqueó al distinguirlos.

Como si un ejército hubiera entrado, Harper se dio cuenta de que no mentía cuando descubrió a su hermana cargando a su bebé, mientras los albaneses caminaban mirando mal a todo el mundo, mientras cargaban algunas bolsas de colores pastel en sus manos.

—Sabía que los encontraría juntos—, acomodó a su hijo para pedir una bolsa con coronas que le pidió a uno de los sujetos—. Quise hacer esto hoy, y— se la entregó a su hermana—, cada bolsa es temática de algo relacionado a ustedes.

—¿Qué es?

—La invitación para el bautizo de Zivan—, Harper no pudo evitar ver al bebé que apretaba su propia camisa, mientras las sábanas parecían estorbarle. —Lo haremos la semana que viene, porque Darek no quiere esperar más —continuó Delphine mientras dejaba las bolsas sobre la mesa. La de Alaric con un par de lentes para distinguir—. Dice que es una forma de comenzar oficialmente esta etapa.

Harper parpadeó, apenas reaccionando al ver el contenido de su bolsa; un pequeño relicario de oro con una miniatura del niño dentro, una velita perfumada con el nombre de Zivan y un pergamino enrollado con la invitación formal. Todo en tonos azul humo y blanco marfil.

—Parece una caja de recuerdos —susurró ella.

—Lo es. Para cada uno. Zivan tendrá que saber quién estuvo cuando le dimos su nombre ante el mundo.

Marek estiró el cuello para ver todo.

—Entonces ya tiene otro evento antes de la boda —murmuró, como si reorganizar la agenda fuera su forma de mantenerse concentrado.

Harper no respondió. Seguía observando al niño que apretaba su ropita como si tratara de entenderla. Los albaneses se habían esparcido por la sala, vigilantes pero más tranquilos.

—¿Estarás allí? —preguntó su hermana, pero no con reproche. Era más bien un susurro con temor a recibir una negativa.

Harper asintió.

—Zivan me reclamaría por no haber ido —dijo, sin despegar la vista del niño.

—Mi pequeño gruñón no juzga. Y aún no ha aprendido a rechazar. Por eso es tan fácil amarlo —defendió Delphine besando la cabecita con poco cabello de su hijo.

Zivan apretó el ceño, y por un momento, Harper sintió su abdomen apretarse. Le tomó la mano y deslizó la yema de su dedo calmando el llanto que no llegó a más. Alaric lanzó una mirada a la castaña y esta solo sonrió a ver a Harper tomando al bebé que llevó contra su pecho.

Era hermoso. Su olor era tan increíble que al tocar su piel contra su mejilla sintió lo contrario a lo que una vez pensó. No eran tan frágiles, tampoco se desintegraban al tocarlos.

Zivan respondió con una patadita perezosa y un quejido apagado. Harper bajó la vista y lo observó largo rato. No había drama en sus rasgos, ni gestos teatrales como los que solía enfrentar en adultos. Solo honestidad. Solo necesidad. Solo vida.

No era su hijo. No era su mundo. Y sin embargo… por un momento deseó que nadie se lo quitara.

Tal vez, eso eran los sobrinos. Un mini ser humano que sanaba una grieta con un aroma dulce. Un amor prestado. Un vínculo que no pedía permiso, solo se daba. Una ternura que no pedía ser comprendida, solo sentida.

—Eres molesto, lo sabes, ¿verdad? —preguntó con un hilo de voz que nadie escuchó. —Nadie anda por la vida buscando mimos para no llorar. Menos exigiendo tanta atención al entrar a cualquier lugar.

Pero él se estiró, con esa manita diminuta aferrada a su dedo, y Harper no pudo evitar la sonrisa.

—Creo que nos vamos a entender muy bien, Zivan—, dejó que siguiera sujetando su dedo.

Entendió que no todo debía ser comprendido. Algunas cosas, simplemente, sucedían. Como esa sonrisa que no pudo evitar cuando Zivan volvió a dormirse sobre su pecho, como si lo hubiese hecho toda la vida.

—Le caes bien—, Delphine le quitó la sábana para que no estorbara. Entregándola a uno de sus guardianes. De seguro a Darek no le gustaría saber que su hijo se durmió en el pecho de otro que no fuera él.

Pero se veía tan cómodo que no quiso quitarlo hasta que fue Harper quien tuvo que ir con su esposo de nuevo. No porque necesitara algo de ella, sino porque ella quería sentirlo a él.

—¿Ocurre algo?—, preguntó Mateo al verla tan aferrada a él.

Pero la pelirroja no dijo nada.

Solo sujetó con delicadeza la pequeña bolsa con el nombre del niño bordado a mano y la sostuvo como si pesara más de lo que realmente era. Mateo la dejó quedarse ahí, en su pecho, en silencio, mientras le acariciaba el rostro con el pulgar.

Como si supiera que era uno de esos momentos en los que su mujer no necesitaba decir con palabras lo que sentía, sino comprenderlos para asimilarlos.

Esa noche durmió a su lado, y aunque quién estaba con heridas graves era él, fue quien se quedó admirándola.

Al pasar los días el vendaje del pie de Harper no fue necesario y el de su brazo cambió a solo una venda que la cubría. Mateo salió del hospital, pero sus planes fueron truncados por su esposa que no lo dejó cruzar la puerta del dormitorio. Aunque no quería seguir en la cama, sus fracturas le impedían moverse con normalidad, por lo que tuvo que quedarse en un sitio donde un tigre buscaba el contacto de su mano al estar echado sobre la alfombra y un rottweiler no se quedaba quieto saltando detrás de la pelirroja que lograba calmarlo apenas.

Capítulo 252. 1

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