Después de siete años de matrimonio, el mismo día en que Vanesa Arias descubrió que estaba embarazada, el primer amor de Fabio Serrano también lo estaba...
Jalapa, a las afueras del Hospital Río Gema.
Vanesa estaba sentada en el auto, apretando entre sus manos un análisis de laboratorio con dos palabras contundentes: [Embarazo confirmado].
Después de siete largos años, por fin iba a tener un bebé.
Tenía siete semanas, ya se podía escuchar el latido de su corazón.
Pensó que Fabio se pondría inmensamente feliz al recibir la noticia.
Pero justo en el instante en que tomó su celular, se quedó helada, porque lo había visto.
A través de la ventanilla del auto, la mirada de Vanesa se fijó en el exterior.
Fabio escoltaba de manera muy discreta a una mujer hacia el interior del hospital.
Fue solo un vistazo rápido, pero la reconoció de inmediato: era Giselle Rivas.
Una actriz de primer nivel, famosísima, que tenía muchos contratos de colaboración con el Grupo Salazar.
Esa mujer tenía más fotos junto a Fabio en un solo año que las que Vanesa había acumulado con él en sus siete años de matrimonio.
Vanesa y Fabio se habían casado en secreto, por lo que nadie sabía que ella era la señora Serrano.
La actitud tan cercana entre Fabio y Giselle hacía que todo el mundo diera por sentado que la actriz era la esposa.
En cada evento importante de Giselle, Fabio siempre estaba presente.
Al principio de su matrimonio, a Vanesa le molestaba.
Pero Fabio fue tajante: Giselle le generaba enormes ganancias a la empresa, y Vanesa, como la señora Serrano, debía comportarse con clase y elegancia, sin hacer escenas de celos sin sentido.
Y, por supuesto, no debía ofender a Giselle por pequeñeces.
Vanesa le creyó.
Pero ahora, al verlo con sus propios ojos, el nudo en el estómago y la incomodidad eran abrumadores.
De repente, su celular vibró. Una notificación de una aplicación de chismes apareció en la pantalla.
[La famosa actriz Giselle Rivas luce ropa holgada. ¿Rumores de embarazo?]
¿Giselle estaba embarazada?
El pánico invadió a Vanesa, pero rápidamente se obligó a mantener la calma. Respiró profundo, tomó el teléfono y marcó el número de Fabio.
No apartó la vista de él ni un segundo, siguiéndolo con la mirada hasta que desapareció con Giselle en el interior del hospital.

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