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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 111

Fabio Serrano apretó ligeramente sus finos labios y mordió la oreja de Vanesa Arias. El ambiente se volvió íntimo.

Pero Vanesa sabía que no había nada de romanticismo en ello; era una advertencia.

El cartílago de su oreja era delicado, y el roce de sus dientes le provocaba punzadas de dolor.

Si Fabio ejercía un poco más de fuerza, la haría sangrar.

Era exactamente la misma situación que con Vicente. Si ella no obedecía, su hermano podía morir en cualquier momento.

Una profunda y sutil tristeza brilló en los ojos de Vanesa. ¡No podía arriesgarse!

—Lo sé —murmuró, resignada, bajando la cabeza con sumisión.

—Buena chica. Iré al despacho a resolver unos asuntos. Ve a dormir tú primero, ¿de acuerdo? —Fabio por fin la soltó.

Vanesa asintió sin decir una palabra y se dirigió en silencio hacia el dormitorio principal.

Fabio se quedó de pie, con una mano en el bolsillo, observándola marchar con el rostro inescrutable.

Solo entonces se encaminó hacia el despacho.

Era la actitud de quien tiene la victoria asegurada. No permitiría ni el más mínimo error en su control sobre Vanesa.

Cuando Fabio terminó de revisar los asuntos de la empresa, recibió una llamada de Bruno Velasco.

Contestó sin pensarlo: —¿A estas horas me llamas?

Bruno bromeó: —¿Resulta que llevas varios días encerrado en casa? Carlos Medina me dijo que estás manejando todo el trabajo desde allí. Tampoco has ido a ver a Giselle. ¿Qué mosca te picó?

—Nada de eso. Me quemé la mano y no quiero asustar a Giselle, así que me quedo en casa. Iré a verla cuando me cure —respondió sin inmutarse.

Bruno chasqueó la lengua, sin dejar claro si le creía o no: —¿No será que volviste corriendo por Vanesa?

—Puras estupideces —negó Fabio rotundamente.

Sin esperar a que Bruno hablara, añadió con crueldad: —Vanesa no tiene la capacidad de hacerme volver. Mantenerla a raya es facilísimo. Basta con decirle un par de cosas lindas para que obedezca. ¿Qué más puede inventar? Si hizo tanto escándalo fue solo para llamar mi atención. Y mírala, ahora volvió mansa y sumisa.

Cada una de sus palabras destilaba desprecio y un control absoluto sobre Vanesa.

Ante tanta arrogancia y frialdad, Bruno se limitó a comentar: —Cuidado, el que juega con fuego se quema.

Capítulo 111 1

Capítulo 111 2

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