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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 157

Cuando el apuesto rostro de Fabio se acercó amenazante al suyo, Vanesa sintió el terror en estado puro.

Vio en sus ojos unas claras intenciones asesinas.

En un instante, la levantó por el aire.

A pesar de estar embarazada.

No había subido mucho de peso; seguía siendo sumamente liviana.

Al sentir que la levantaba, el vientre se le contrajo, y ella, por instinto, se llevó las manos a su bebé.

—Fabio, ¿qué estás haciendo? —preguntó Vanesa asustada.

Fabio soltó una carcajada lúgubre y la acorraló contra la pared.

Su espalda golpeó el revestimiento, que afortunadamente amortiguó el impacto.

De no ser por eso, sentía que se le habría quebrado la columna vertebral en dos.

—¿Qué estoy haciendo? ¿Qué te dije antes? Que no te atrevieras a meterte con ella, ¡y qué es lo que haces! ¿Desafiarme una y otra vez? —exclamó Fabio lleno de furia.

Vanesa seguía aplastada contra la pared, cuando la mano de Fabio se cerró con fuerza sobre su garganta.

Una sensación de ahogo tristemente conocida la invadió.

El rostro de Vanesa perdió todo el color.

No podía respirar y el bebé empezó a moverse frenéticamente, como pidiendo ayuda a gritos.

—El... bebé... —logró susurrar Vanesa con muchísima dificultad.

Apenas en ese momento, Fabio cayó en cuenta de que ella también llevaba un hijo en su vientre.

La soltó de golpe y Vanesa se deslizó hasta caer al suelo.

Por un segundo, la habitación se llenó de un silencio aterrador.

Fabio apretó los puños con rabia, sin hacer el menor intento de ayudarla a levantarse.

Vanesa, tirada en el suelo, jalaba aire con desesperación.

Sin embargo, ella dejó escapar una risita sin gracia: —¿Tanto coraje te da que haya herido los sentimientos de tu gran amor?

—¡Entonces fuiste tú quien lo hizo! —se convenció Fabio aún más.

Pero Vanesa se limitó a quedarse ahí, mirándolo fijamente.

Fabio frunció el ceño. Por primera vez en la vida, no era capaz de descifrar qué pasaba por su mente.

Esa desesperante sensación de perder el control lo inundó nuevamente.

La ferocidad brillaba en sus pupilas de una forma salvaje.

Deseó, con todo su ser, acabar con la vida de Vanesa en ese mismo instante.

Pero al recordar que ella llevaba en su vientre al heredero y que ese bebé era la llave maestra de sus acciones, tuvo que contenerse.

Metió los puños apretados en los bolsillos del pantalón, conteniendo su ira hasta el límite.

Vanesa actuó como si sus amenazas le dieran igual, y continuó sonriendo: —Fabio, ¿de verdad no te das cuenta de cómo es Giselle? ¿De verdad crees que fui yo quien soltó esa noticia? Llevamos siete años casados, pensé que por lo menos conocías un poco de mí. Yo no soy el tipo de persona que da puñaladas por la espalda. En todos estos años tuve infinidad de oportunidades, ¿por qué iba a esperar hasta ahora?

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