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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 160

A Fabio no le importó y terminó su discurso: —En ese caso, no podrás culparme por no intervenir, ¿verdad? Después de todo, si alguien pierde las ganas de vivir, ni los santos pueden salvarlo.

Las palabras de Fabio alteraron tanto a Vanesa que empezó a jadear.

Él se limitó a observarla con una frialdad absoluta.

Nadie creería que, apenas un segundo antes, se estaban besando.

Y al siguiente, Fabio no dudaba en clavarle un cuchillo a Vanesa.

Directo al corazón.

Vanesa tardó mucho en asimilar el impacto de sus palabras: —Fabio, ¿te divierte arrinconarme de esta manera?

—Sí —respondió él sin titubear—, porque ahora mismo solo quiero verte bajar la cabeza y suplicarme. Tal vez, si me pones de buen humor, te diga un par de palabras dulces y te dé lo que quieres.

Lo dijo con un tono cargado de burla.

Como si estuviera poniendo la decisión en manos de Vanesa.

Pero ella sabía mejor que nadie que no tenía opción.

A menos que abandonara a Vicente, pero eso era algo que jamás podría hacer.

—Vanesa, ¿no es mi atención lo que más has deseado todos estos años? —murmuró Fabio, bajando la cabeza con un tono lleno de falsa lástima.

Sin embargo, en su mirada brillaba una crueldad afilada.

Sometida a semejante presión, Vanesa finalmente bajó la cabeza: —Fabio, te lo ruego...

Él soltó una risa fría, sin una pizca de piedad: —Vanesa, tu forma de suplicar no despierta ningún deseo. No tienes sinceridad, ¿lo entiendes?

Vanesa se sintió acorralada.

Miró a Fabio con impotencia, recordando la última vez que le había suplicado.

Humillación, vergüenza y, sobre todo, dolor; un dolor que le calaba los huesos.

Esa vez, tuvo una fuerte hemorragia que casi le cuesta la vida al bebé en su vientre.

A Fabio no pareció importarle en absoluto; su rostro permaneció impasible: —Vanesa, usaste las acciones para obligarme a aceptar tus condiciones y evitar que fuera a verla. ¿Acaso no te imaginabas que esto pasaría? Es el precio que debes pagar, ¿lo entiendes?

Vanesa se quedó en silencio.

Se quedó inmóvil, mirándolo con terquedad, negándose a decir una sola palabra de sumisión.

Pero debido a la fuerte discusión y a sus emociones a flor de piel, comenzó a sentir un dolor punzante en el vientre.

De pronto, sintió que un líquido cálido bajaba por sus piernas.

Llevaba puesto un vestido color beige; cuando la sangre lo manchó, la escena se volvió aterradora.

Los retortijones en su estómago se hicieron cada vez más intensos.

Vanesa se llevó las manos al vientre por instinto, mientras una capa de sudor frío cubría su frente.

Fabio se quedó paralizado ante la escena; maldijo por lo bajo y, sin pensarlo dos veces, la tomó en brazos.

No podía permitir que le pasara nada al bebé.

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