El guardaespaldas inmovilizó a Vanesa.
Fabio se acercó rápidamente y, mirando al doctor, ordenó con frialdad: —Póngasela.
Las pupilas de Vanesa no paraban de dilatarse: —No... ¡No!...
Incluso mientras le inyectaban el sedante, Vanesa no dejaba de resistirse.
—Pórtate bien, Vanesa —le advirtió Fabio en voz baja.
No fue hasta que la medicina hizo efecto y Vanesa perdió por completo el conocimiento que la habitación finalmente quedó en silencio.
Sin embargo, en el instante en que cerró los ojos, en su mirada todavía se notaba un pánico imborrable.
Incluso atrapada en sus pesadillas, su cuerpo seguía temblando.
No dejaba de murmurar: —No, no... por favor, no...
Ese terror emanaba de lo más profundo de su ser, desgarrador e insoportable.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué reacciona así al sedante? —preguntó Fabio al volverse hacia el doctor.
Vanesa estaba convulsionando de forma violenta.
Sin pensarlo, Fabio le sujetó la mano.
En ese instante, sintió la fuerza con la que Vanesa se aferraba a su muñeca.
Era una fuerza contenida y desesperada.
Incluso le dejó marcas de uñas en la piel.
Era fácil imaginar la magnitud de la fuerza que estaba ejerciendo.
El doctor también estaba desconcertado, pero respondió manteniendo la calma: —El sedante no provoca este tipo de reacciones, solo induce un estado de somnolencia para calmar al paciente, que al despertar no recuerda lo sucedido, sufriendo una amnesia temporal.
Mientras hablaba, el doctor observaba a Vanesa con gesto grave.
—El estado de la señora Serrano se parece más a un ataque de pánico provocado por una fobia, en este caso a las agujas. Pero para saber exactamente qué originó este trauma, tendremos que preguntarle a ella cuando despierte —explicó el doctor con rapidez—. Es un trauma psicológico profundo.
La expresión de Fabio se volvió cada vez más sombría.
Lo primero que se le vino a la mente fue el tiempo que Vanesa había vivido en la casa de los Serrano.
Era plenamente consciente de que, durante sus siete años de matrimonio, la vida de Vanesa en esa casa no había sido para nada grata.


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