Entrar Via

EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 199

En el pasado, Fabio jamás habría tenido un gesto como ese.

Incluso en la cama, en sus momentos más intensos, para él todo se reducía a satisfacer un instinto.

Nunca hubo rastro de romanticismo; solo una rutina animal entre los dos.

Por eso, al sentir cómo la rodeaba con los brazos, Vanesa se debatió de inmediato, intentando zafarse sin pensarlo dos veces.

Pero cuanto más forcejeaba, más irritaba los nervios de Fabio.

Como una reacción instintiva, él levantó la barbilla, y su mirada se fue oscureciendo.

Un cóctel de emociones encontradas chocó con un arranque de deseo, volviéndose incontrolable en cuestión de segundos.

Sus dedos firmes se aferraron a la cintura de Vanesa, ejerciendo una ligera presión.

Con voz profunda, áspera y cargada de advertencia, le susurró directamente al oído:

—Muévete una vez más, y te haré mía aquí mismo.

No parecía estar cien por ciento hablando en serio, pero la amenaza flotaba en el aire.

Vanesa se quedó congelada al instante.

Sabía que no podía jugársela. Con él nunca se sabía.

Al verla quieta como una estatua, Fabio murmuró con voz monótona:

—Duerme.

Y ya no hizo nada más.

Vanesa continuó dándole la espalda, con los ojos abiertos de par en par, incapaz de conciliar el sueño.

Tenía los nervios a flor de piel y el corazón acelerado.

Sobre todo, le aterraba no poder descifrar qué demonios pasaba por la cabeza de ese hombre.

Después de tanta indiferencia y frialdad, ese repentino amago de afecto le resultaba asfixiante.

Pronto, la respiración rítmica y pausada de Fabio le indicó que se había quedado dormido.

Ella se pasó horas dando vueltas en la cama, hasta que sus párpados comenzaron a pesar toneladas.

Solo entonces, vencida por el cansancio, logró dormirse.

Justo cuando la respiración de Vanesa se estabilizó y su cuerpo por fin se relajó, Fabio abrió los ojos.

Su vista ya se había acostumbrado a la penumbra de la habitación.

Se quedó observándola durante largo rato, con una mirada indescifrable.

Graciela lo bombardeaba a preguntas.

Obviamente, estaba al tanto de todos los chismes que circulaban por Jalapa, pero se había mantenido al margen.

Hasta que Giselle le había llamado. Y aunque la chica no derramó ni una lágrima, la tristeza en su voz fue suficiente para encogerle el corazón a Graciela.

La suegra no tardó en atar cabos: Vanesa estaba utilizando su embarazo y las acciones como arma para obligar a Giselle a irse.

Graciela nunca había querido a Vanesa, pero ahora la detestaba con todas sus fuerzas.

Aterrada ante la idea de que su futuro nieto corriera peligro, no pudo contenerse más y llamó a su hijo para exigir explicaciones.

—¡Contéstame de una vez, Fabio! ¡Quiero saber qué está pasando! —insistió Graciela, elevando la voz.

Tras un largo silencio, la respuesta de Fabio fue más fría que un témpano:

—Mamá, yo sé lo que hago con este asunto. Te pido que no te metas.

—Pero tú... —Graciela se quedó con la palabra en la boca, furiosa.

Sin embargo, sabía muy bien que nadie le daba órdenes a su hijo.

Fabio cortó la llamada sin más rodeos.

Dejó el celular sobre la encimera y siguió preparando el desayuno como si nada hubiera pasado.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ