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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 217

Sin embargo, no podía ignorar el hecho de que había llegado con Fabio.

Lo más sensato era avisarle que se iba.

No quería darle ningún pretexto para que empezara otra estúpida pelea.

Con esa idea en mente, Vanesa abandonó la sala de espera y se dirigió hacia el consultorio.

Mientras caminaba, no pudo evitar preguntarse por qué demonios se tardaba tanto en suturar una simple herida.

Al acercarse al pasillo, escuchó a un par de enfermeras chismeando en voz baja.

—El señor Serrano está loco, te lo juro. Venir con la herida en ese estado sin haberse desinfectado antes... el doctor dice que la infección le puede llegar al hueso.

—Pues a mí me contaron que lo hace por la señora. La familia Serrano anda de cabeza últimamente y él se ha metido en líos varias veces. Pero siempre se venda rápido y sale corriendo a su casa porque su esposa está embarazada y no quiere angustiarla.

—Sí, yo lo escuché con mis propios oídos. Él mismo nos ordenó que no dijéramos ni una palabra para no alarmar a su esposa.

...

Vanesa frunció el ceño al escuchar la conversación.

No dejó que esas palabras se le subieran a la cabeza.

Sabía que ese título de "la señora Serrano" venía con letras pequeñas.

Era plenamente consciente de que, en el corazón de Fabio, la única y verdadera señora Serrano era Giselle Rivas, no ella.

Si él quería mantener su estado de salud en secreto, era obvio que lo hacía para no preocupar a Giselle, que estaba a kilómetros de distancia en Boston.

Además, Giselle también estaba esperando un hijo suyo.

Sería el colmo de la estupidez pensar que todo ese sacrificio lo hacía por ella.

Esperó pacientemente a que las enfermeras se dispersaran antes de continuar su camino.

Justo cuando estaba a punto de girar el picaporte, escuchó voces provenientes del interior.

—Señor Serrano, ¿de verdad no le va a decir nada a su esposa? Al menos debería advertirle para que esté alerta. Además, no puede dejarla andar sola por ahí como si nada. Si algo pasara... —era Carlos Medina, tratando de hacer entrar en razón a su jefe.

Pero Fabio lo cortó en seco.

—No hace falta. Vanesa no necesita saber nada. El estrés no le hace bien al embarazo. Ponle al guardaespaldas para que la vigile de cerca; no voy a permitir que le pase absolutamente nada. —Su tono era gélido, definitivo.

—Pero señor... —insistió Carlos, claramente en desacuerdo.

Después de eso, un pesado silencio cayó sobre la habitación.

Vanesa se quedó paralizada detrás de la puerta.

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