Ni siquiera logró contenerse y dejó escapar un grito agudo:
—¡Fabio!
El volumen de su voz llamó la atención de las personas a su alrededor, aunque todos se mantuvieron en sus lugares sin intervenir.
Pronto comenzaron a murmurar entre ellos en voz baja.
Era evidente que todos recordaban lo intocable que había sido Giselle al lado de Fabio, lo que hacía aún más patética su situación actual.
Pero, incluso con toda esa atención sobre ellos, Fabio ni siquiera se molestó en mirar a Giselle.
Caminó directamente hasta quedar frente a Vanesa, con el ceño levemente fruncido y un tono de voz lleno de una sorprendente ternura.
—¿Por qué tardaste tanto en el baño? —preguntó sin rodeos.
—Me sentía un poco mal, por eso me tomó más tiempo —respondió Vanesa, con su característico tono apático.
Su actitud hacia él desbordaba una indiferencia glacial.
A los ojos de los presentes, parecía que Fabio estaba haciendo todo lo posible por complacer a su esposa.
Al escucharla, Fabio reaccionó de inmediato:
—¿Qué te duele? Te llevaré al hospital ahora mismo.
Vanesa se limitó a observarlo en silencio, con un leve pero innegable brillo de burla en sus ojos.
Ni siquiera intentaba disimularlo.
Sabía a la perfección que él estaba montando todo ese teatro solo para mortificar a Giselle.
Pero, de cara al público, Vanesa le siguió el juego con total serenidad.
Adoptando la actitud de una mujer mimada y protegida, respondió con voz dulce:
—Está bien.
Fabio asintió con un gesto y rodeó la cintura de Vanesa con total naturalidad.
Juntos comenzaron a alejarse de la escena.
—¡Fabio! —Giselle, incapaz de soportarlo, corrió detrás de él.
Por la urgencia de sus pasos, hasta llegó a tropezar.
Bruno Velasco, que acababa de llegar a toda prisa, intentó sostenerla para evitar que cayera.
Pero Giselle lo empujó sin contemplaciones.
Estiró la mano y logró aferrarse al brazo de Fabio.
En ese momento, ya le importaba un rábano su imagen pública o el ridículo que estaba haciendo.
En su cabeza solo había un único y desesperado pensamiento: tenía que retener a Fabio.

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