Los paparazzi, intimidados por su fría advertencia, guardaron silencio y se hicieron a un lado para dejarlo pasar.
Fabio no se detuvo, se acercó al puesto, compró las brochetas en salsa brava en tiempo récord, se dio la vuelta y se subió de regreso a la camioneta.
Todo el tiempo, los reporteros lo observaron maravillados.
Vanesa, desde la comodidad de la camioneta, tampoco se perdió ni un solo detalle de lo que había sucedido.
Bajó la vista por un instante. Había llegado a un punto en el que realmente le resultaba imposible descifrar lo que Fabio tenía en la cabeza.
Sin embargo, por fuera, Vanesa se mantuvo tan inescrutable como siempre.
Finalmente, Fabio se acomodó a su lado.
No se apresuró a entregarle las brochetas de inmediato. En lugar de eso, desplegó la pequeña mesa del asiento delantero.
Solo entonces depositó la comida sobre la superficie.
Vanesa enarcó una ceja.
—¿Quieres que coma esto aquí adentro?
A Fabio le repugnaban los olores fuertes y la suciedad; era un perfeccionista del orden.
Comer algo con tanto olor dentro de un espacio confinado era algo impensable para él.
Habría puesto el grito en el cielo solo por verla beber leche dentro del auto.
Pero ahora...
—¿Acaso no las quieres? —le preguntó Fabio, inescrutable.
Vanesa le dirigió una sonrisa casi burlona.
—Por supuesto.
Fabio se limitó a guardar silencio.
Al ver que Vanesa sacaba su celular y le tomaba una foto a la comida, frunció el ceño con desaprobación.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó.
—Subirlo a Twitter —respondió Vanesa, sin tratar de ocultarlo.
Ella tenía una cuenta en la aplicación, pero era estrictamente personal. Nunca la había utilizado para publicar nada, solo para estar al tanto de las tendencias.
Sin embargo, que se decidiera a publicar de la noche a la mañana, tenía un motivo más que evidente.
En cuanto terminó de hablar, la foto ya estaba en la red.
Vanesa: [Las brochetas en salsa brava son toda una delicia.]
No agregó nada más.
Acompañó el texto con la foto humeante del platillo en la bandeja.
Ella sabía muy bien que Giselle no tardaría en ver la publicación.
Llevaba años aguantando las puñaladas y humillaciones de Giselle. Si tenía la oportunidad de devolvérselas y retorcer el cuchillo en la herida, ¿por qué iba a desperdiciarla?
Lo que Fabio pudiera pensar al respecto la tenía sin cuidado.
Pero Vanesa jamás se imaginó lo que sucedería instantes después.
Su cuenta registró un nuevo seguidor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ