Era como si él, en el fondo, no quisiera destruir el matrimonio.
Esa mirada la hizo dudar por un segundo.
"Vane, por favor, piensa con la cabeza fría", insistió Sofía al notar su silencio.
"Llevan siete años casados. ¿No te basta con todo el daño que te ha hecho? ¡Solo por engañarte debería pudrirse en el infierno!".
Sofía estaba genuinamente asustada.
Ella sabía mejor que nadie cuánto amaba Vanesa a Fabio. Pero él no merecía ni una gota de ese amor.
"Lo sé. No te preocupes por mí", contestó Vanesa tras una larga pausa.
Sofía no quiso presionar más y se despidieron.
Vanesa se obligó a despejar la mente.
No podía dejarse manipular por él otra vez.
Encendió su computadora, adelantó algo de trabajo y pidió la cita para tramitar su visa.
Irónicamente, el sistema le arrojó una fecha exacta: el día en que cumplirían siete años de casados.
El destino tenía un sentido del humor muy cruel.
Terminó de madrugada.
Sabiendo que debía cuidar a su bebé, se forzó a cerrar los ojos, ignorando el circo mediático que ardía allá afuera.
Pero el sueño fue inquieto.
Una angustia sofocante le oprimía el pecho.
Solo logró quedarse dormida cuando ya iba a amanecer.
En los siguientes tres días, Vanesa recuperó la calma.
Bloqueó por completo cualquier noticia sobre Fabio.
Solo le llegaban rumores sueltos: Giselle no se despegaba de su lado, y Graciela Galván, la madre de Fabio, iba a visitarlo a diario, posando con Giselle como si ya fueran suegra y nuera.
La prensa ya apostaba por una inminente boda.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ