Vanesa Arias seguía de pie, agotada.
Pero a través del ventanal, vio el caos allá abajo. Las sirenas de las ambulancias aullaban mientras un ensangrentado Fabio Serrano era subido a la camilla. Los reporteros los siguieron como moscas.
Nadie sabía qué hacía él ahí.
Hasta que el bullicio se disipó, Vanesa no reaccionó.
Su vientre bajo comenzó a palpitar con fuerza.
"Bebé, resiste un poco más, mami te sacará de aquí pronto", susurró, acariciándose el estómago para calmar a la criatura.
Pareció entenderla, porque el dolor fue cediendo.
Se sentó en el sofá.
Su celular no paraba de vibrar.
[Fabio Serrano regresa al hospital, Giselle Rivas lo acompaña toda la noche].
El titular ya era tendencia.
En las fotos, Giselle se veía ansiosa, aterrorizada, frágil. Cada gesto gritaba el profundo amor que sentía por él.
Vanesa lo miró con total indiferencia.
Esa mujer era la amante, pero interpretaba el papel de víctima a la perfección, robándose el protagonismo.
Vanesa jamás podría igualar ese nivel de cinismo.
Frente a las cámaras, Giselle incluso ponía cara de arrepentimiento.
"Fabio está bien, le volvieron a coser la herida. Gracias por preocuparse. Sé que quieren detalles, pero la culpa fue mía, por eso estoy aquí cuidándolo. No hay otra razón", declaró con voz temblorosa, tragándose unas lágrimas de cocodrilo.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ