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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 432

A la asistente le desconcertó un poco la insistencia.

Pero conocía bien la desconfianza extrema de Giselle; aun habiéndolo visto con sus propios ojos, necesitaba reafirmarlo.

Giselle asintió suavemente sin añadir más.

Sabía perfectamente que un bebé de apenas unos días, tras el cese de soporte vital, no tenía posibilidades de sobrevivir.

Obligó a su mente a sofocar el leve presentimiento de angustia que le oprimía el pecho.

Y, poco a poco, su semblante recuperó la calma.

No obstante, en el fondo, lo que realmente le quitaba el sueño era la actitud de Fabio.

A diferencia de la firmeza que mostraba al principio, ahora él se había vuelto impredecible.

Parecía que todo lo relacionado con Vanesa se le estaba saliendo de las manos.

Ante este panorama, Giselle sabía que no le convenía presionar a Fabio.

"Señorita Rivas, el Señor Serrano ya está aquí", anunció la asistente de inmediato tras echar un vistazo hacia el pasillo.

Giselle ocultó cualquier rastro de preocupación y caminó hacia la salida con total elegancia.

Fabio ya la estaba aguardando.

"Te llevaré a casa", dijo él con tono neutro.

"Perfecto", sonrió Giselle.

Acto seguido, enlazó su brazo con el de Fabio con total naturalidad.

Fabio frunció levemente el ceño, sus labios se movieron como si fuera a decir algo, pero al final no la rechazó.

Ambos caminaron en silencio hacia la salida del hospital.

En cuanto cruzaron las puertas, Fabio se percató de que afuera estaba plagado de paparazzi.

Su ceño se frunció aún más y clavó la mirada en Giselle.

Ella parpadeó, con una expresión de total inocencia: "Lo siento, esto es culpa mía. He estado tanto tiempo en el hospital que he perdido un poco el tacto con la prensa. Solo le pedí a mi asistente que anunciara mi alta, pero no imaginé que los reporteros se amontonarían así. Perdóname por involucrarte en este alboroto".

Mantuvo un tono de desamparo absoluto.

Esa era la gran habilidad de Giselle.

Era capaz de disfrazar un acto premeditado de modo que pareciera un simple e inofensivo error.

Te dejaba sin argumentos para reclamarle; si lo hacías, el agresivo parecías tú.

La mirada de Fabio se oscureció, pero prefirió guardar silencio.

Con esa simple frase, le tiró la pelota a Fabio.

Al fin y al cabo, él era quien tenía la última palabra en todo el asunto.

Los paparazzi, que no tenían un pelo de tontos, captaron la indirecta al vuelo.

De inmediato, los micrófonos giraron hacia él: "Señor Serrano, ¿cuándo será la boda con la señorita Rivas?".

Giselle mantuvo su rostro imperturbable, pero por dentro ardía de ansias por escuchar su respuesta.

Ya se lo había preguntado y hasta lo había presionado en privado, pero él siempre se escabullía con evasivas.

Con el tiempo, ella había aprendido a no tensar demasiado la cuerda.

De reojo, observó las facciones de Fabio.

Pero era imposible descifrar lo que pasaba por su mente.

La tensión le hizo apretar ligeramente los puños, aunque su rostro seguía exhibiendo una sonrisa radiante.

"Lo siento. No doy declaraciones sobre mi vida personal", atajó Fabio con frialdad.

Acto seguido, avanzó hacia su auto sin mirar atrás.

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