Vanesa volvió a sumirse en un profundo silencio.
Miraba a Fabio con una tranquilidad inquietante, casi desprovista de emociones.
Había presenciado cómo él firmaba el documento sin inmutarse.
No entendía cómo podía ser tan frío, tan desconectado de la realidad como para plasmar su nombre en el acta de defunción de su propia hija sin titubear.
Ella, en cambio, era incapaz.
Durante todo el camino hacia la funeraria, se había dicho a sí misma que debía ser fuerte, que debía dejar ir a Paz en paz.
Pero la realidad era que no podía. Le resultaba imposible.
Atrapada en esos pensamientos, una sonrisa irónica se dibujó en sus labios, seguida de una ligera risa ahogada.
Era de esperarse. Al fin y al cabo, para Fabio, Paz nunca había sido más que un peón en su tablero.
Y cuando un peón ya no tiene utilidad, simplemente se descarta sin remordimientos.
El sonido de su amarga risa resonó en el ambiente.
Fabio la escuchó, pero mantuvo el silencio.
—¿Desean presenciarlo? —preguntó el encargado, dirigiéndose a Vanesa con evidente nerviosismo.
Se refería a la cremación.
Sin embargo, cuidaba mucho sus palabras, evitando pronunciar lo obvio por temor a que Vanesa sufriera un colapso nervioso.
Ella permaneció de pie, en un estado de calma absoluta, y asintió levemente. —Sí.
Fabio frunció el ceño. Dudaba mucho que ella tuviera la fuerza emocional para soportar una escena tan devastadora.
Sin decir nada, entrelazó sus dedos con los de ella, apretando su mano con firmeza.
Vanesa sintió el contacto.
Pero no hizo el menor intento de soltarse.
Fabio la guio en silencio hasta la sala de cremación.
El diminuto cuerpo de Paz fue introducido en el horno.
En la pantalla digital sobre la cámara, aparecieron los fríos datos:
"Niña, 17 días."
Nada más. Esa era toda la huella que había dejado en el mundo.
Mientras la plataforma se deslizaba hacia el interior, todas las miradas se clavaron en Vanesa, esperando alguna reacción.
Pero ella solo se quedó allí, como una estatua.
Inmóvil, con los ojos clavados en las puertas de metal del horno incinerador.
Incluso Fabio se sintió perturbado por la extraña actitud de Vanesa.
Estaba demasiado callada.

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