Giselle se había acercado a Julián por iniciativa propia, intentando suavizar las cosas entre ellos.
Después de todo, las publicaciones amenazantes de Julián en Twitter seguían ahí, sin ser borradas. Decir que Giselle no tenía miedo sería una mentira.
Además, la actitud distante de Fabio la tenía al borde del colapso. Por eso había decidido tragarse su orgullo e intentar acercarse a Julián.
Pero él ni siquiera le prestó atención.
Vanesa frunció el ceño. Ver a Giselle le provocaba un rechazo instintivo.
No podía evitar recordar lo que había pasado con su pequeña Paz. La tensión en su cuerpo se volvió evidente.
Julián, por supuesto, lo notó.
Apretó la mano de Vanesa con cariño y le susurró:
—Yo me encargo, ¿sí?
Vanesa no dijo nada, pero sabía que él intentaba tranquilizarla. Asintió suavemente.
Fue entonces cuando Julián se giró hacia Giselle, mirándola con desprecio.
—¿Qué pasa, señorita Rivas? ¿Está celosa? Si tiene envidia, vaya a reclamarle a Fabio Serrano. No venga a soltar su veneno aquí. Conmigo esos jueguitos no funcionan.
Las palabras de Julián fueron crueles y directas, pisoteando el orgullo de Giselle frente a todos.
Los invitados que estaban cerca escucharon cada sílaba. Nadie se atrevió a decir una palabra, pero varios detuvieron sus pasos para disfrutar del espectáculo.
El rostro de Giselle palideció y luego se tornó rojo de la vergüenza. Pero, al estar rodeada de tanta gente, no podía armar un escándalo.
Forzó una sonrisa tensa.
—Joven Jiménez, creo que hay un malentendido entre nosotros...
—¿Malentendido? ¿Por qué no me lo explica con detalles? —se burló Julián, metiendo una mano en el bolsillo del pantalón, tan arrogante como siempre.
Giselle se quedó muda.
¿Cómo iba a atreverse? No tenía idea de cuánto sabía Julián sobre sus sucios secretos. Obviamente, no iba a abrir la boca para incriminarse. Se quedó congelada, viéndose cada vez más patética.
—Está arruinando nuestro ambiente. Quítese de mi vista, trae mala suerte —le advirtió Julián con mirada asesina.
La cara de Giselle se descompuso por completo.
Los espectadores sabían perfectamente por qué Julián estaba humillando a Giselle: todo era por defender a Vanesa.

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