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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 496

La cirugía duró una eternidad, pero al final fue un éxito.

Aun así, Giselle tuvo que pasar siete largos días en la UCI antes de estar fuera de peligro.

Ahora se encontraba internada en la sala VIP.

Su estado de salud era una montaña rusa; unos días mejoraba y otros recaía.

Todos sus proyectos profesionales se habían cancelado y su agenda era un desastre.

Naturalmente, su estado emocional era un caos. Vivía constantemente al borde del colapso nervioso.

Tanto los médicos como su asistente estaban agotados de soportar sus ataques de histeria.

La única persona capaz de calmarla era Fabio.

Él sentía que no podía darle la espalda, pues, aunque él no había provocado el accidente directamente, se sentía responsable por todo lo sucedido.

Fabio contestó la llamada de inmediato.

—Señor Serrano, la señorita Rivas está sufriendo una crisis nerviosa muy severa. ¿Podría venir de inmediato?

—Si no se calma, no podemos administrarle los medicamentos. Además, no ha pasado mucho tiempo desde la neurocirugía. Si se altera demasiado, tememos que sufra una hemorragia cerebral, y entonces la situación sería irreversible.

El médico le expuso la gravedad del asunto sin ningún rodeo.

La mirada de Fabio se oscureció.

Volteó a ver hacia la zona de celdas.

Parecía debatirse internamente, atrapado entre Vanesa y Giselle.

Pero al final, su tono fue cortante y decidido: —Voy para allá ahora mismo.

Sin más, colgó el teléfono.

Antes de irse, se acercó a los policías y les dio un par de instrucciones.

Básicamente, les exigió que no maltrataran a Vanesa y que no tomaran ninguna decisión definitiva sin avisarle.

—Lo entendemos perfectamente, no se preocupe —respondieron los oficiales, siempre complacientes.

Fabio salió rápidamente de la comisaría.

Julián, con una mano en el bolsillo, observó la espalda de Fabio alejándose y soltó una carcajada cargada de asco.

—Si ya elegiste a Giselle, no vengas aquí a hacerte el mártir, Fabio.

Paz apenas había logrado salir de otro paro cardíaco.

El médico miró a Julián y negó con la cabeza. —El pronóstico es desolador. Es demasiado pequeña, su cuerpo no resistirá por mucho más tiempo. Y no podemos someterla a otra cirugía tan pronto. Pero si esperamos a que esté fuerte para operar, lo más probable es que su corazón falle antes. Es un callejón sin salida.

Era un ciclo macabro de dolor.

Tantas luchas, tantas noches en vela, solo para terminar en el mismo punto de partida.

Lo único que habían logrado era alargar su sufrimiento.

Julián, con una mano aferrada al bolsillo de su saco, frunció el ceño con profunda tristeza: —¿No hay ninguna otra opción?

—Desde un punto de vista clínico, no. A menos que ocurra un milagro —dijo el doctor con sinceridad—. Pero esta pequeña ya ha sobrevivido a varios milagros, por eso seguimos luchando por ella.

Eso, y los recursos ilimitados que Julián estaba inyectando en el hospital.

Si no fuera por eso, la niña habría fallecido hacía meses.

—Señor Jiménez, nuestra recomendación profesional es que, si vuelve a entrar en crisis, la dejemos ir. El sufrimiento que está soportando es inhumano.

Julián se quedó callado.

La decisión que tenía frente a él le desgarraba el alma.

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