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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 570

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¿Diría acaso su nombre?

Justo cuando Fabio estaba inmerso en esa duda, Vanesa soltó una carcajada traviesa.

—Qué molesto eres... —le reprochó de nuevo, con ese tono caprichoso de quien no tiene idea de lo que hace.

No respondió a su pregunta.

Pero al segundo siguiente, lo agarró por la camisa y lo jaló hacia abajo.

Fabio perdió el equilibrio y cayó de lleno sobre la inmensa cama.

Y arrastró a Vanesa con él.

Entre empujones y caricias torpes, el vestido de Vanesa terminó en el suelo.

Al ser un vestido de noche, resultó mucho más fácil de quitar que cualquier ropa de diario.

Su piel de porcelana quedó al descubierto bajo la luz tenue.

Emanando una tentación irresistible.

Eso, sumado a que las manos de Vanesa no se quedaban quietas.

Fue la gota que derramó el vaso.

—Vanesa, tú te lo buscaste —le advirtió Fabio, marcando cada sílaba.

Ella no le contestó.

Se dejaba llevar puramente por el instinto.

Sobre las sábanas, los cuerpos se entrelazaron en una lucha en la que ninguno estaba dispuesto a ceder.

Fabio, lleno de deseo reprimido, estalló por completo en medio de aquel enredo pasional.

De pronto, afuera, comenzó a caer una incesante lluvia de otoño sobre Bahía Perla.

Las gotas golpeaban con furia los ventanales de cristal.

Resbalando en riachuelos transparentes.

Los rosales del jardín parecían cobrar nueva vida bajo aquel aguacero salvaje.

En el interior, las siluetas enredadas se reflejaban contra el ventanal.

Unas manos firmes apresando una cintura esbelta.

En un vaivén interminable.

La temperatura en la suite seguía en aumento.

Poco a poco, su piel radiante comenzó a teñirse de un tono carmesí.

Los gemidos entrecortados se mezclaban con las respiraciones pesadas.

Vanesa estaba cubierta de sudor, y Fabio no se quedaba atrás.

—¡Vanesa! —Con ese último rugido de Fabio, todo llegó a su clímax.

En la habitación solo quedó el eco de sus respiraciones agitadas.

La ropa esparcida por el suelo, las sábanas hechas un desastre.

Frente a él, volvía a ser una completa extraña.

Lo que había pasado era solo un accidente.

Vanesa sabía que Fabio no había tenido nada que ver con la droga.

Ella no era estúpida; tenía sus propias sospechas sobre los responsables. Simplemente, los hechos se habían salido de control.

Al escucharla, Fabio recobró su fachada de hielo.

No intentó insistir.

Pero ese silencio tenso hizo que Vanesa se sintiera incómoda.

Sin embargo, no dejó que se le notara.

Se levantó y empezó a buscar su ropa por el suelo, sin importarle en lo absoluto que él la estuviera viendo.

Ya se habían acostado; no tenía sentido hacerse la mojigata.

Fabio no le apartó la mirada ni un solo instante.

—Sobre esto... —intentó decir de nuevo.

Vanesa se dio la vuelta y lo cortó en seco:

—Esto nunca pasó.

Firme y sin rodeos. Estaba claro que no tenía la más mínima intención de seguir lidiando con él.

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