Ya se había arrancado por completo la máscara que usaba delante de Fabio.
—Vanesa, a la hora de la verdad, ¿quién crees que pesa más para él, tú o yo? —se burló, mirándola con suficiencia.
—Si lo llamo ahora mismo y le cuento que me forzaste a venir, ¿no crees que te mataría a golpes? —la amenaza era tan explícita como el agua.
Para añadirle dramatismo, agitó su teléfono móvil en sus narices.
—Así que haznos un favor y deja de joder. Firma esos malditos papeles y desaparece. En cuanto al parásito que llevas dentro, lo dejaré respirar lo justo y necesario para que Fabio cobre su herencia. Y no te preocupes, cuando nazca, me encargaré de enterrarlo decentemente; no lo voy a tirar a la basura —y estalló en una carcajada histérica.
Sus palabras fueron como puñales directos al vientre de Vanesa.
Ella sabía que no era un simple alarde; esa mujer era una sádica sin corazón que cumpliría cada una de sus promesas.
¿De qué pozo infecto había salido una víbora tan retorcida, capaz de maquinar semejante monstruosidad?
Vanesa apretó los párpados.
De repente, un estampido cortó el aire.
Le había volteado la cara de una soberana bofetada.
En el pómulo inmaculado de Giselle, se marcaron cinco dedos, rojos como la grana, a punto de reventar la piel.
La actrizucha se quedó paralizada, frotándose la mejilla.
Jamás se imaginó que su rival le pondría un dedo encima.
—Vanesa... tú... —tartamudeó, perdiendo los papeles por completo.
Claro.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ