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El Marido que no supo perder romance Capítulo 103

Gretel no estaba preparada. El agua caliente le cayó de lleno en el dorso de la mano derecha y en el antebrazo. Por suerte, el termo solo estaba por la mitad, pero aun así, la manga de su bata quedó empapada al instante.

El rostro de Gretel palideció y soltó un quejido de dolor. Por puro instinto, se quitó la bata de prisa.

Rosendo, que esperaba afuera, escuchó el alboroto y entró casi de inmediato.

Lo primero que vio fue a Gretel en blusa de manga corta, con una gran mancha roja en su mano y brazo. Era evidente que se había quemado.

Además, sobre el escritorio había documentos empapados y un charco de agua en el suelo.

Al comprender lo que había pasado, frunció el ceño.

—¿Qué pasó aquí?

En ese preciso instante, la puerta volvió a abrirse y entró el Dr. Aurelio Blanco.

Al ver a su discípula favorita herida, sintió una punzada en el corazón.

—¿Qué significa esto?

Catalina, que había esbozado una sonrisa de triunfo a espaldas de Gretel, se cubrió la boca fingiendo asombro y dejó que unas lágrimas asomaran en sus ojos. Su expresión de pánico era digna de un premio.

—Ay, perdón, Gretel... Yo... no sé qué me pasó. ¿Estás bien?

—Lo hiciste a propósito —espetó Gretel.

El pánico cruzó el rostro de Catalina por un segundo, pero de inmediato se abrazó al brazo de Rosendo, haciéndose la víctima.

—Gretel, por Dios, ¿cómo crees que te echaría agua hirviendo a propósito? Yo... de verdad fue un accidente.

—Rosendo, tienes que creerme, te lo juro que yo no...

—Tú claramente...

—Basta —interrumpió Rosendo, frunciendo el ceño antes de que Gretel pudiera terminar—. Catalina no lo hizo a propósito. Dejemos este asunto hasta aquí.

—A partir de este momento, ordenaré que transfieran su expediente. La Dra. Mendoza no seguirá a cargo de su tratamiento.

—Y en cuanto a mí... —El Dr. Blanco se acomodó los lentes, con una mirada cortante—. Tendré que evaluar si estoy dispuesto a seguir llevándolo.

Catalina se quedó helada. Su rostro palideció y se apresuró a justificarse.

—Dr. Blanco, no fue mi intención. Es que... Gretel me estuvo provocando todo el tiempo y perdí el control, por eso yo...

Mientras hablaba, tiró del brazo de Rosendo con mirada suplicante, esperando que él intercediera por ella.

Al fin y al cabo, su condición mental era real, y el único capaz de ayudarla era el Dr. Blanco.

—Creo que no lo sabe, señorita Mendoza —la interrumpió el doctor con un tono lleno de sarcasmo—. Para proteger los derechos de nuestros pacientes, este consultorio cuenta con cámaras de seguridad en cada rincón, a excepción del baño. ¿Le gustaría que pida las grabaciones?

¡Si alguien se atrevía a lastimar a su discípula más brillante, él no lo iba a dejar pasar!

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