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El Marido que no supo perder romance Capítulo 104

Las palabras se le atascaron a Catalina en la garganta. El corazón le dio un vuelco y apretó la tela de su vestido con nerviosismo.

«Las cámaras... No, ¡Rosendo no puede ver eso!»

Al darse cuenta de su error, se tragó todo su coraje, bajó la mirada y adoptó una postura frágil y desvalida.

—Rosendo, me... me siento mal. Llévame a casa, por favor.

Rosendo no le respondió, solo miró al Dr. Blanco.

El doctor le asintió levemente, con el rostro serio.

Con los labios apretados en una línea fina, Rosendo le devolvió el gesto y se dio la vuelta para salir.

Catalina palideció aún más y, finalmente, salió corriendo detrás de él.

***

Esa misma tarde, Rosendo se presentó en el departamento de Gretel.

Al abrirse la puerta, un suave olor a ungüento medicinal inundó el ambiente.

Bajó la mirada y notó enseguida la gruesa capa de crema para quemaduras esparcida sobre la piel clara de su mano y antebrazo.

Sus ojos se oscurecieron. Abrió la boca, pero no pronunció palabra.

Gretel frunció el ceño. Al ver al hombre frente a ella, impecable en su traje oscuro y con una postura firme, su mirada se volvió fría y distante.

En ese momento, él le extendió una pequeña bolsa de farmacia.

—Crema para quemaduras y desinflamatorios.

Gretel no la aceptó.

—¿El señor Almenar vino hasta aquí solo para entregarme esto?

Rosendo dejó la bolsa en el suelo del recibidor y dio medio paso atrás.

—Siento mucho lo de hoy.

—... No hace falta —lo cortó ella con un tono completamente plano—. Los problemas entre Catalina y yo no tienen nada que ver con usted.

Capítulo 104 1

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