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El Marido que no supo perder romance Capítulo 125

En el otro extremo, Vale estaba sentada en su sillita comiendo pastel. Tenía crema en las comisuras de la boca, pero sus ojos brillaban de alegría.

De repente, dejó la cucharita, se levantó y caminó hacia Sofía.

Al acercarse, levantó sus grandes y húmedos ojos de venadito y abrazó a Sofía.

—Abuela Sofía.

—¿Dime, mi cielo? —Sofía sonrió, tomó una servilleta, se inclinó y le limpió cuidadosamente la boquita a la niña.

—¿Tú puedes ser la mamá de mami?

El comedor quedó en un silencio sepulcral.

Gretel fue la primera en reaccionar. Estiró la mano para tomar a Vale.

—Vale, no digas esas cosas. Ven con mami...

Vale hizo un puchero y se acurrucó aún más en el abrazo de Sofía. Sus ojos enormes y tiernos se llenaron de lágrimas de nuevo.

—No quiero. Abuela Sofía, la otra abuela es mala... le pegó a mami... buaa...

La niña sollozaba, hablando entrecortadamente.

—La abuela Sofía es mejor... no le pega a mami, y me hace pastelitos...

Al pronunciar las últimas palabras, soltó un hipo por el llanto y las lágrimas comenzaron a caer sin parar.

La sonrisa de Sofía se desvaneció.

Miró a Gretel, pero no preguntó nada. Simplemente se inclinó, tomó a Vale en sus brazos, y con la servilleta le secó suavemente las lágrimas.

—Mi niña tonta —dijo Sofía, abrazándola con infinito cariño, su voz sonando firme pero dulce—. Yo siempre he sido la mamá de tu mami.

»Siempre lo he sido.

Incluso después de que Gretel se divorció de Rosendo, Sofía jamás dejó de considerarla parte de la familia.

Gretel bajó la cabeza, y sus largas pestañas temblaron incontrolablemente.

Se mordió el labio inferior con tanta fuerza que le dolió, sintiendo un nudo gigante en la garganta.

Al segundo siguiente, una lágrima se estrelló contra la mesa.

Rápidamente se limpió el rabillo del ojo con la mano, levantó el plato y siguió tomando el caldo, fingiendo que nada había pasado.

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