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El Marido que no supo perder romance Capítulo 127

Durante las primeras rondas, Gretel siguió el ritmo de Nerón. Los dos se complementaban a la perfección y ganaron un montón de fichas.

A Benjamín le quedaban cada vez menos cartas y su expresión se fue desmoronando.

—Nerón, ¿de dónde sacaste a esta experta? ¿No la trajiste solo para desplumarnos, verdad?

Al escuchar eso, las risas estallaron alrededor de la mesa.

Nerón le dijo un par de cosas al oído a Gretel y luego se levantó sonriendo.

—Sigan jugando, voy un momento al baño.

En cuanto puso un pie afuera, a todos en la mesa se les iluminaron los ojos.

Pensaban que sin la presencia del «dios de las cartas», podrían recuperar algunas de sus fichas contra Gretel.

Para su sorpresa, ella ganó casi todas las rondas siguientes. Al final, Benjamín, con una mueca de sufrimiento, se ajustó los lentes y le lanzó una sonrisa lastimera.

Otro de los amigos, un hombre de rostro redondo que llevaba una camisa polo, asintió vigorosamente:

—Así es, señorita Mendoza. Ya que estamos en confianza, tenga un poco de piedad y déjenos ganar un par de veces. Si no, nos vamos a quedar sin dinero para pagar las bebidas de esta noche.

Las súplicas de ambos hicieron que todos volvieran a soltar carcajadas.

Gretel, al ver sus expresiones exageradas, no pudo contenerse y su rostro se iluminó con una sonrisa genuina y relajada, algo raro en ella.

—Está bien, les dejo ganar esta ronda.

Y cumplió su palabra. En las siguientes manos, se retiró a propósito, cediéndoles la victoria.

Benjamín estaba radiante y no dejaba de gritar: «¡Qué generosa es la jefa Gretel! ¡Viva la jefa!».

Cuando Nerón regresó, se encontró con esa escena tan animada.

Gretel estaba rodeada por el grupo de hombres. Benjamín le estaba sirviendo jugo, mientras que el hombre de rostro redondo le ofrecía con entusiasmo un plato de frutas.

Nerón alzó una ceja, observó la situación por unos segundos y la sonrisa en sus labios se hizo más amplia.

No por nada era experta en psicología. Manejaba las interacciones sociales con una facilidad envidiable. Sus mejores amigos estaban encantados con ella.

***

Por otro lado.

Cuando Rosendo llegó a su salón privado, sus amigos ya iban por la segunda ronda de tragos.

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